
Al final, por fín, fuimos a ver la película de
Clint Eastwood,
Banderas de Nuestros Padres. La primera impresión que deja, una vez sales del cine, es la misma sensación (aunque no tan fuerte) de
mal rollo profundo que dejaban sus últimas películas. Sin embargo, en este caso, la sensación de querer tirarse por la ventana no es tan intensa. Esta película es sobre uno de los episodios más sangrientos de la II Guerra Mundial y las escenas de guerra no sorprenden demasiado, ya que se parecen bastante al desembarco de Normandia de
Salvar al Soldado Ryan, si bien es cierto que las escenas de las vistas de los cientos de fragatas (o lo que sean) en la costa de la isla son bastante espectaculares. La narración de "salvar a.." era más en primera persona, pero aún así las escenas del desembarco, no causan demasiada sorpresa por aquello de que "eso ya se ha hecho". Tal vez la coproducción con Spielberg tenga algo que ver.
Más interesante resulta la cínica descripción de como la sociedad norteamericana de la época trata la famosa foto de la bandera. Especialmente emotivo es el personaje de Ira, el "Chief", soldado indio al que se le coloca como uno de los hombres que izaron la bandera (que, por cierto, era la bandera suplente y se izó en el primer montecillo de la isla, cuando todavía quedaban 30 días de combates), cuando en realidad él no fue uno de ellos. Los sentimientos de culpa de Ira son brutales, porque piensa que él debería estar junto con sus compañeros, en la guerra, y no de gira por Estados Juntitos llenando estadios y haciendo el ridículo.

Especialmente impactante es la escena donde, después de la guerra, mientras Ira esta arando un seco campo de Arizona, viene una familia de yanquis (padre, madre, dos hijos) y le preguntan si él es ese, el héroe. Chief saca, con toda la desgana del mundo, una banderita de los USA que lleva en el bolsillo, como diciendo que sí, que que le va a hacer. Entusiasmados, los turistas se hacen una foto rápida con él y al irse a toda prisa, el padre le da unos centavos de propina. La cara de Ira no tiene nombre. Esta escena no tiene desperdicio, al igual que aquella, en Million Dollar Baby, en la que la familia de la protagonista la visita en el hospital.
En definitiva, esta peli, al igual que todas las demás de Clint, va sobre el lamento del tiempo pasado, de lo que uno ha hecho y de lo que ha cambiado invariablemente a partir de entonces. Pero Banderas de Nuestros Padres, también trata del mercantilismo de la sociedad norteamericana que absorbe en su concepción capitalista de la vida cualquier cosa, incluido sus propios héroes, su patria o a la muerte de millones. Y por último, esta película no es una declaración antiguerra, que dicen algunos, ni mucho menos. El mensaje final de la película es que aquella gente que fue a la guerra, no luchaba por su patria, luchaba por sus compañeros y amigos, por no dejarles solos, para que no muriesen si ellos podían evitarlo. Los héroes son un invento de la sociedad que intenta justificarlo todo en términos de bueno y malo, de blanco y negro. Esta es la lección de hoy del abuelo Clint.

En cuanto a las críticas y premios: una
crítica superflua de El Mundo, y en cuanto a la
crítica de El País, otro que no se entera, un tal Bastenier (yo no se si es que la gente no ve las pelis de este hombre, todas van de lo mismo). Sobre los
Oscar 2007, sorprendentemente, apenas si tiene un par de nominaciones técnicas (al menos el actor que hace de Chief, debería estar nominado). Ah!, sobre aquello que decía el
artículo de The Guardian sobre que más que "banderas de nuestros padres", debería ser "banderas de nuestros abuelos",
El Roto parece que tiene su versión. Parece que la película no ha cosechado grandes éxitos, ni por la crítica ni por la taquilla. Todo lo contrario que su versión japonesa,
Cartas desde Iwo Yima, que está nominada a todo en los Oscar y que se ha llevado el Globo de Oro a la mejor película extranjera. A ver cuando la estrenan, ya estoy impaciente, presto a soltaros otro rollo.