Me voy a poner serio. Hay pocos temas realmente importantes sobre los que escribir, hablar o debatir. Sí, hay cosas importantes, pero muchas de estas cosas son circunstanciales: pueden pasarnos o no, dependen de lugar, de la sociedad. Pueden ser injustas, pero no le pasan a todo el mundo. La única cosa que nos va a pasar a todos es que nos vamos a morir. No hay mayor realidad en el ser humano y probablemente el hecho de morir sea definitorio. Somos la única especie con la conciencia de su existencia. Más bien, con la conciencia de que su existencia tiene un final -¿existe la existencia si esta no acaba?. Dado que el hecho de morir es trascendente para el ser humano, y dado que las sociedades occidentales tenemos un nivel de vida aceptable, el mejor que ha tenido nunca la especie ¿cómo tratamos el hecho de morir? Pues bien, lo tratamos mal. Tenemos los medios, la infraestructura y la tecnología para ser capaces de que las personas puedan tener una muerte digna. Actualmente, ¿tenemos una muerte digna? La respuesta es definitiva: no.
En la Comunidad de Madrid hemos tenido uno de los ejemplos más sangrantes que se recuerdan con el
Caso Lamela. El
efecto Lamela ha supuesto que a muchas personas que deberían haber fallecido con cuidados paliativos, sin dolor,
no se les haya aplicado el tratamiento, por miedo de los médicos a las represalias de la Comunidad de Madrid. Pero es que la situación en el conjunto de España es terrible, como dicen en el anterior enlace:
[...] cada año mueren en España 100.000 enfermos de cáncer, de los que 60.000 necesitan cuidados paliativos. Otros 250.000 mueren por enfermedades crónicas y degenerativas, de los cuales, por lo menos un 30% necesitan también este tipo de cuidados, aunque si aplicáramos los criterios más amplios de la OMS, el porcentaje podría llegar al 60%. Eso significa que entre 150.000 y 200.000 enfermos necesitan en España la atención de un equipo de paliativos. Pero, ¿cuántos los reciben realmente? Apenas unos 60.000. Y estar entre los afortunados que pueden morir sin rabiar depende de algo tan aleatorio como que su comunidad autónoma haya hecho o no los deberes.
Ante esta situación, en donde las administraciones no cumplen ni siquiera la anquilosada legislación vigente, se dan todo tipo de situaciones. Un relato especialmente conmovedor es el de
la muerte de Josefina, la madre del periodista e historiador
Jorge Martínez Reverte. Hace nada hemos tenido el caso en Francia de Chantal Sébire, que sufría un tumor que le ocasionaba grandes dolores y le deformaba la cara. Al final, después de que se le negara una muerte digna legal,
se la han encontrado muerta en su casa.
En estos dos casos es donde aparece una diferencia fundamental con respecto a lo que ha ocurrido en la Comunidad de Madrid. Los casos de Josefina y de Chantal son los de unas personas que, siendo conscientes de su situación y sus deseos, no quieren llegar hasta cierto punto de su enfermedad y quieren irse antes de que llegue lo peor. Esto es eutanasia. Lo de la CAM es peor, mucho peor, porque
los cuidados paliativos no son eutanasia. Y no se están administrando. La gente ha estado muriendo en agonía.

Como siempre, la crueldad de la administración tiene sus grados. Lo de la CAM, el sector duro del PP y los medios afines (en donde se ha tachado a los médicos de asesinos) llega a unos niveles que son inexplicables salvo que introduzcamos el factor religioso de por medio. Como ejemplo del factor católico tenemos las hipócritas declaraciones del arzobispo de Pamplona diciendo que
"Cristo murió sin cuidados paliativos". Otra posibilidad es la pretensión de desprestigiar todo lo posible la sanidad pública por parte de la derecha. Poco a poco, durante años, sin que se note,
el PP va cambiando el sistema; por ejemplo, ya nos han colocado los hospitales con gestión privada. Si siguen en el poder es cuestión de tiempo que ocurra lo inevitable. Lo del PSOE también es de libro porque
no quiere oir ni hablar de eutanasia, ni de nada que se le parezca. Sin embargo, la radicalidad del PP, hace que no sea lo mismo. No es lo mismo no querer progresar ni cumplir lo prometido (el debate sobre la eutanasia estaba en el programa electoral del PSOE) que comportarse como una jauría de inquisidores medievales neocons (vaya imagen!). En realidad, no se que será peor moralmente, al fin y al cabo el PP es lo que es, si los que les votan se creen que son otra cosa no es problema suyo; pero el PSOE se nutre de un voto que apoyaría la legislación de la eutanasia en los casos de enfermos terminales sin dudarlo un momento. En este sentido, Juan José Millás se pregunta acerca de
las facultades mentales del Estado.
En resumen, la situación legal de la eutanasia en España y en Europa la explican muy bien en
este artículo de Público. Básicamente, en España se considera homicidio ayudar a morir a alguien, aunque en el caso de la ayuda al suicidio se considera un atenuante que haya una enfermedad incurable de por medio. La eutanasia pasiva es legal, se puede dejar morir a un paciente al cual se le esté prolongando la vida de forma artificial. Para dejar claro este tema,
la asociación DMD (Derecho a Morir Dignamente) proporciona un modelo de testamento vital que es válido en varias comunidades autónomas Esta asociación manda a sus socios de más de tres meses de antigüedad un libro con instrucciones para fabricar de un útil cóctel a partir de fármacos que se pueden conseguir fácilmente en las farmacias. Para ver la actuación de la asociación, es muy recomendable leer este artículo sobre la muerte de Madeleine Z:
"Quiero dejar de no vivir".