A mi modesto entender, uno de los fenómenos sociales más curiosos de la últimas dos décadas ha sido la pérdida por parte de los trabajadores del concepto de "clase obrera". Entiéndase que la denominada
clase obrera no representa, únicamente, a cuatro ensuciados y jodidos obreros de una mina de Asturias. El concepto surgió a partir de la aparición de los asalariados, encargados de la producción, en contraposición con los capitalistas, encargados consecuentemente del capital. En realidad, el término más apropiado -y es aquí donde viene la reflexión- sería
clase asalariada.
Todo esto viene a cuento de que la calidad de vida, la estabilidad y la remuneración salarial del asalariado haya decrecido de forma alarmante en España en los últimos años. Véase
la pérdida de poder adquisitivo de los últimos 30 años y lo que dice
este excelente artículo en El País (Mileuristas para siempre):
"...otra regañina de la OCDE se debe a lo que ha hecho el mercado de trabajo en España en la época de bonanza: entre 1995 y 2005, el poder adquisitivo del salario medio bajó un 4%, el único descenso en todos los países de la organización. Y es que dos de cada diez empleados ganan 1.000 euros brutos al mes, según CC OO."
Todo eso sin contar lo que se ha hecho con el euro, cuya conversión real, como todos sabemos, es de 1€=100 pesetas. Recordemos también que
el 20% de los españoles está por debajo del umbral de la pobreza ¡Uno de cada cinco!
La pérdida de conciencia de clase entre los trabajadores asalariados españoles tiene mucho que ver con todas estas pérdidas en la calidad de vida. Por ejemplo, las protestas por las mejoras en el puesto de trabajo son cada vez menores y la desunión campa a sus anchas. Situaciones como las de los becarios en las empresas, que trabajan a horarios completos cobrando nada o muy poco sin que a los propios becarios parezca importarle, serían impensables hace 20 ó 30 años. Lo grave del asunto no es tanto que se den estas situaciones, sino que los propios perjudicados las justifiquen con argumentos tales como "así obtengo experiencia". Seguro, pero mientras coges experiencia estás produciendo para la empresa (normalmente las labores de los becarios no son de aprendizaje) y, por tanto, deberías tener una remuneración.
Lo anterior puede aplicarse a cualquier asalariado de una empresa actual, sin más que sustituir la experiencia por la promoción. Todas las empresas actuales prometen a sus empleados que podrán promocionar y, muchas veces, se reduce el sueldo debido a las opciones de promoción la cuales, en la mayoría de los casos no se cumplen (no puede ascender todo el mundo en un sistema piramidal!). De esta forma, el empresario, haciendo creer al asalariado que es un miembro más de la empresa y que en el futuro le espera un puesto de responsabilidad y mando, consigue crear la división y la eliminación del concepto de clase obrera. Es decir, se acabó cualquier posibilidad de una protesta conjunta por las situaciones laborales porque nadie considera que tenga la misma situación laboral que el de al lado. Los obreros, así, desaparecen y con ellos toda clase de protesta o reivindicación social.

Pero es que el análisis no acaba ahí, no termina en el aspecto laboral, porque puede ampliarse al marco político. Si una persona asalariada no se considera obrera es de esperar que no vote a la izquierda, ya que considera que no defiende sus intereses particulares. En España esto se refuerza con el hecho de que muchas personas, por tener una hipoteca a 40 años, se consideran propietarios (cuando en realidad el piso es del banco). Y este es el salto final: no solamente no son obreros sino que en realidad se consideran capitalistas. Los PAUs de las afueras de Madrid están plagados de gente de este tipo: "jóvenes" de 40 años, con un empleo asalariado y un pequeño grado de responsabilidad que se han comprado un piso hipotecándose de por vida. Esto es lo que algunos consideran clase media, y que debería llamarse clase estafada. Estas personas, con sus ilusiones capitalistas y burguesas, son carne de cañón para la derecha española. ¿Cómo van a ser ellos lo mismo que un obrero de esos? Barrios que han sido tradicionalmente obreros en Madrid, ahora votan masivamente a la derecha. Ah! Pero claro, en realidad la derecha no es derecha, es "centro reformista". En definitiva, el lenguaje como arma política y capitalista de manipulación social (uf, que chomskista me ha quedado eso).
Todo este proceso se ha afianzado de forma brutal en los últimos 20 años, desde la caída del Muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética. Una forma de comprobarlo en números puede ser, por ejemplo, a través del número de afiliaciones a sindicatos. En Estados Unidos, la afiliación es
menos del 10% y desciende año a año, mientras que en Europa también desciende en el periodo desde 1995 a 2002 (
Afiliación sindical en Europa:
PDF). Curiosamente en España, donde en 2001 la afiliación sindical era del 18% (
PDF), ahora mismo está creciendo. En 2006 la afiliación total era del 19,5% (cuadro en la página 107 del anterior PDF). Sin embargo, hay grandes diferencias: en el sector público es del 33,1% y en el privado del 15,3% (
PDF, pag 105). Y un punto muy importante que se dice en el último texto:
"Por ejemplo, la tasa de afiliación a sindicatos es de tan sólo un 10,9% entre los asalariados temporales (en contraste con el 23% de los asalariados fijos), el 10,6% entre los asalariados a jornada parcial (el 21% en asalariados a jornada completa) o el 7% entre los asalariados que trabajan en empresas de menos de 11 trabajadores (el 30,5% en las empresas de más de 250 personas)."
En resumen, cuando mas temporalidad y menos gente, menos sindicación. O sea, que en España, donde la temporalidad afecta sobre todo a los jóvenes, cuanta más juventud, menos sindicación. Si existiese una conciencia reivindicativa debería ser al revés: a más injusticias, más protestas. Pero no, el sindicalismo empieza a ser importante cuando el trabajador tiene una plaza fija y segura. Paradigmático en este sentido es el caso del funcionariado, figura protegida hasta la muerte por los sindicatos, con toda la lógica del mundo, porque son los funcionarios los que más se unen a sindicatos. Irónico, los que tienen una posición más estable y un mejor sueldo son el colectivo más reivindicativo.
Aunque tal vez haya que olvidarse del concepto de lucha de clases. Quién sabe, si
como dice Lluis Bassets, estamos ante un nuevo panorama internacional, que deja obsoletas las concepciones tradicionales:
"Estamos ante una nueva lucha de clases, pero no es como la que describieron Marx y Engels entre proletarios y burgueses. Ahora es entre las clases medias de los países en fuerte desarrollo y las clases medias de los países ya desarrollados por el reparto del pastel global."
En cualquier caso, tenga sentido o no la lucha de clases, en España solo se han conseguido avances a golpazos, a base de protestas y de movilizaciones. No se puede esperar nada o casi nada de empresarios o políticos si no hay detrás presión ciudadana. Pero es más, estamos ante una situación defensiva, en donde ya no se piden mejoras, lo que al menos se exige es que nos dejen como estábamos. Resulta que cuanto menos se protesta, más se pierde, porque esto es el capitalismo, señores y hay gente que quiere el beneficio a toda costa. Y todas estas pérdidas son, finalmente, culpa de los engañados asalariados y de su pérdida de concepto de clase. Como
ha dicho recientemente el histórico
Marcelino Camacho, "Hay clases y lucha de clases. Los patronos tienen intereses distintos al nuestro y en el sistema capitalista se explota a los trabajadores".
En resumen, que no somos empresarios, que no somos "parte de la empresa". Señores, que somos asalariados. Por mucho que nos prometan ascender, eso no nos hace parte de una empresa, porque ¡somos asalariados y no accionistas capitalistas! Por eso, les invito a que repitan conmigo en voz alta: "Soy asalariado". Otra vez, por favor, "Soy asalariado"... ya saben, todas las mañanas a las 7:00, delante del espejo, mientras se afeitan o se secan el pelo, antes de salir pitando a meterse en el atasco para llegar a su asalariado trabajo, digan en voz alta "soy asalariado". A ver si recuperamos el concepto de clase y dejan de darnos por el culo, ¿vale?