Pestañas

sábado, marzo 14, 2009

Im Memoriam: La Pepita

Hace unas semanas, juliacgs y el que escribe nos pasamos por la Taberna La Pepita (Corredera Baja de San Pablo, 20, en pleno Malasaña) para cenar algo. El sitio era todo un clásico de la noche madrileña, un bar antiguo en un edificio de 300 años, por donde ha pasado todo el mundo que ha salido alguna vez por Malasaña. No se si será cierto o no, pero la rumolorogía popular afirmaba que su salón interior fue centro de reunión de todo tipo de rojunos durante la dictadura franquista. Sus características identificativas eran varias: la bordería de la camarera (Carmen), el botijo a la entrada por si querías agua (no te la sirven), la gran cantidad de espacio disponible (la gente organizaba cumpleaños), los posters de Indurain en las paredes, y sobre todo, sus croquetas, sus alitas de pollo y sus bravas, todo a 2 €! (o similar) Vamos, que por 10€ cenaban dos personas pero bien, con su mini de kalimotxo con licor de mora.... y eso en Madrid es decir mucho.

En resumen, aquel día nos encontramos con un cartelón que nos informaba de que La Pepita ya había cerrado. Pero ahora, para siempre. Esto es algo que ya sabíamos que podría ocurrir, el local estaba de juicios intentando sobrevivir a la demolición del edificio. Sin embargo, no ha podido ser, se perdieron los juicios y el local fue cerrado definitivamente el 26 de Julio de 2008 (sí, hacía mucho que no pasábamos por allí). Un blog estuvo intentando hacer campaña en contra del cierre pero no ha habido nada que hacer. Hubo una fiesta de despedida el día del cierre, una pena no haberse enterado.

Este es un paso más hacia la desaparición de la idiosincrasia de Malasaña (y de Madrid por extensión), un barrio que era uno de los clásicos para salir en Madrid y que cada vez lo es menos. Parece que el Ayuntamiento no quiere una ciudad popular, barata, donde el ciudadano tenga cierto protagonismo. Lo que quiere es una ciudad elegante, chic, de moda, donde baretos populares y botellones no tengan cabida (si la gente quiere salir, que se lo pague). Supongo que todo es una política general para que, poco a poco, la ciudad sea cada vez mas "olímpica", más vendible de cara al exterior. Pero con eso se está perdiendo mucho del carácter madrileño, de sus barrios, su punto cheli, castizo. Ya poco queda de la Malasaña que viví hace 10 años, muy poco. Lo que hay ahora es una especie de fantasma de lo que era, una versión destintada. Y después del cierre de la Pepita, ya ni eso. Nos quedan en recuerdo sus tapas. Como voy a echar de menos esas croquetas y esas bravas y como va a echar de menos juliacgs esas alitas de pollo que tanto le gustaban ¿a que sí? Snif.

8 comentarios :

juliacgs dijo...

¡Jopé! Se me escapa una lagrimilla al leer este post, porque me doy cuenta de que nunca más volveremos a comer esas croquetas, esas bravas o mis favoritas: las alitas de pollo (snif!).

La Pepita era un lugar mítico, uno de esos sitios que si los políticos de verdad tuvieran ojo, lo preservarían como monumento de la ciudad y lo mantendrían a base de subvenciones.

Pero claro, en una ciudad en la que paulatinamente todo se va convirtiendo en H&Ms y Zaras, sin importar la idiosincrasia o la antigüedad de los locales, una ciudad en la que todos los cines de pocas salas han ido cerrando uno a uno, no nos sorprende que La Pepita cierre. Esto es como cuando temes que un familiar tuyo entrado en años la palme y te dan la noticia de que acaba de fallecer. No te sorprende, pero te apena de todas maneras.

Yo cada día estoy menos convencida de querer vivir en esto en lo que se está convirtiendo Madrid.

izzo dijo...

Vaya... no sabía yo lo de La Pepita. Qué recuerdos! yo creo que fue uno de los primeros sitios a los que fui de Malasaña, hará 10 u 11 años. Eulez, recuerdas aquellas historias míticas que nos contábamos en ese lugar??
Pasa como el Jazz Madrid o el Hotel California, sitios que habitualmente visitábamos en aquella época y que ahora no son nada, un sitio cerrado cubierto de carteles de conciertos.
Usando el símil del título y de las palabras juliacgs,
Descanse en paz

eulez dijo...

juliacgs, pues sí. Lema del Ayuntamiento: Olimpiada, olimpiada, olimpiada ¿se puede vender de cara a la olimpiada? No, pues entonces no interesa.

izzo, ¿cómo no me voy a acordar? además de las alitas de pollo, La Pepita tenía valor sentimental... Con el cierre, ciertos recuerdos quedan totalmente anclados en el pasado. Bueno, por lo menos el Bar Lozano sigue abierto y sus hamburguesas especiales siguen haciéndote sentir igual de feliz que hace 10 u 11 años.

telericatarta dijo...

Malasaña está irreconocible. Yo no se si soy yo, que cada vez soy más mayor y me pongo en plan padre "de esto ya no es lo que era", o es que realmente, ya no es lo que era :(

eulez dijo...

Tarta, me parece a mi que va a ser que ya no es lo que era... es más, me parece que, no es que ya no sea lo que fue, sino que es que ya no es ;)

Jorge dijo...

El año que viví en la Calle del Tesoro fue de los mejores de mi vida, me da mucha pena ver cómo la Malasaña de la que yo me enamoré va dejando poco a poco de ser lo que era. En fin, el tiempo pasa para todos…

eulez dijo...

El tiempo pasa sí, y ciertas partes de la ciudad están cambiando tanto que cuando uno vuelve después de un tiempo ni siquiera las reconoce. A veces esto es algo bueno, pero otras, como en el caso de Malasaña... pues dan un poco de pena.

Franwerst dijo...

Pues La Pepita no la conocía pero es una pena que cierren este tipo de baretos... en su momento fueron lo mejor para salir a la calle y ahora son la mejor alternativa que queda al nuevo "ocio" que nos quieren imponer las empresas multinacionales: centros comerciales, parques de diversiones y megacines ultratecnológicos y pro-comercialistas, donde lo único que importa es que consumas lo más posible.

Por suerte puedo decir que conozco "El Lozano" ya que el amigo Eulez y la Juli me llevaron un par de veces. Es el del huevo duro ¿verdad?. También recuerdo las sesiones de bravas y blancas en Moratalaz en el Gredos (Calle del Arroyo Belincoso, 12, no sé si todavía sigue en pie)... Y en Móstoles donde yo vivía también había alguno digno de mención, como el "Cris" (que ya pasó a mejor vida) en el que te pedías una cerveza y te daban de "aperitivo" una bandeja enorme (para dos personas) de alitas, croquetas, patatas y todo tipo de fritanga poco saludable. Eso sí, para chuparse los dedos (y te cobraban sólo las cervezas).

Pero lo más importante es que se podía salir a tomar algo (baratito) y era un lugar de encuentro para pasar con los amigos, compartir experiencias de todo tipo y relajarse un rato.