Pestañas

domingo, septiembre 20, 2009

Der Deutsche Donauradweg (días 4, 5 y 6: Ulm y descanso)



El día en Munderkingen empezó lluvioso, lluviosísimo por la mañana. Pero poco a poco parecía que se despejaba, así que decidimos postergar el descanso y tirar con las bicis y las alforjas hasta Ulm. En Ehingen, después de una cuestecilla pronunciada (que ya no eran un problema para Julia), tuvimos unas vistas la mar de monas del valle del Danubio, como la de la foto de arriba o esta. El camino hacia Ulm era agradable y estaba muy bien montado tanto que hasta había retretes por el camino (en medio de la nada).




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A medida que nos acercábamos a Ulm, aumentaba el número de ciclistas, hasta el punto de que aquello parecía una autopista de bicis en los últimos kilómetros. El carril bici continuaba hasta la mismísima entrada por la muralla de la ciudad. Sí, señores, entramos en bici por la muralla (sin coches, solo bicis y peatones). No pude evitar pensar en como sería entrar en una ciudad medieval antes de la revolución industrial. Seguro que algo parecido solo que con un caballo en vez de con una bici y, claro, sin chicas blanquitas tomando el sol semidesnudas en el césped. Aunque no creo tampoco que esto último sea demasiado habitual en aquellas latitudes durante el resto del año.

De Danubioenbici09_dia04

Nuestro alojamiento en Ulm, no fue en Ulm, sino en Neu-Ulm ciudad gemela que está pegada a Ulm, pero que no pertenece ni siquiera al mismo estado. Ulm es del estado Baden-Württemberg, mientras que Neu-Ulm es de Baviera (según parece hay algo de pique al respecto, probablemente la segunda tenga más pelas que la primera). Sobre el alojamiento, dormimos en el Brickstone Hostel, que es una casa estilo inglés con varias habitaciones pero en donde hay lavabos y duchas comunes. Como no había mucha gente estuvo bien y además solo nos costó 50€.
Nos escapamos de la lluvia el día anterior pero, hoy sí, llovía y tocó descanso obligado. Además, se me pinchó la rueda delantera de mi bici (repito, las bicis, una mierda), así que había que buscar algún sitio para que me la arreglaran. Aprovechamos para hacer algo de turismo a la clásica usanza (a pata) por una de las ciudades más bonitas y agradables del recorrido.

Destaca de la ciudad la catedral, que en realidad solo es iglesia, pero que tiene el honor de ser la iglesia más alta del mundo. Otro punto a destacar de Ulm es que es la ciudad de nacimiento de Albert Einstein, aunque este solo vivió allí en su primer año de vida. Poco o ningún recuerdo hay sobre el amigo excepto un monumento bastante soso que recuerda donde se situaba la casa donde nació, que fue destruida durante los bombardeos de 1944. En general, Ulm es una de esas pequeñas y agradables ciudades europeas en las que al menda no le importaría pasarse unos cuantos meses pululando, especialmente porque la ciudad tiene una infraestructura ciclista de lo más cuidada.

Volviendo al viaje, después del turisteo ulmeño, de una muy típica comida suava (Ulm pertenece a la histórica región de Suabia) y solucionado el tema del pinchazo (20 € que costó arreglarlo), tomamos un tren rumbo a Dilingen, donde hicimos noche. Al día siguiente pillamos las bicis rumbo a Donauwörth. Este camino destacaba porque, en su mayor parte, fue por carretera secundaria con coches (y en algunos cruces la cosa era peligrosilla). Una de las cosas que más nos llamó la atención fue ver como un germano padre enseñaba a sus dos germanos vástagos a circular en bici por carretera. La pregunta que nos hacíamos era si el germano padre tenía educación militar o es que era germano a secas.

Para comer nos paramos en uno de esos grandes inventos alemanes, los Biergarten, para comernos una currywurst (pronúnciese caaaggguyyvurgst, o no te entienden. "El alemán se pronuncia como se escribe" ¡JA!). Nos fuimos justo antes de que los jubiletas alemanes (como viven) empezasen con una fiesta descomunal en el biergarten, seguramente llena de sexo, drogas y rockandroll. El camino en bici continuaba por las magníficas carreteras secundarias llenas de coches a 100 km/h y cuando no, se metía en caminos de tierra. No inserto el Google Map correspondiente para no sobrecargar aún más el blog. Si alguien, en un acto de locura repentina, lo quiere ver, aquí lo tiene.

Acabamos hasta las pelotas de los coches y de los caminos de tierra. Cuando llegamos a Donauwörth, después de darnos un voltio por la ciudad (muy bonita también), cogimos el tren hasta Neuburg. Y a dormir.

3 comentarios :

juliacgs dijo...

Ulm fue la ciudad que más me gustó de todo el recorrido, sin duda alguna. Después del agobio de los días anteriores, el paseo hasta allí fue de lo más agradable, llegamos con un tiempo estupendo y nos dimos unos paseos (sin bici) por la ciudad que me encantaron.

Hay que destacar el restaurante del ayuntamiento, en el cenamos y nos tomamos algo, fue muy agradable.

juliacgs dijo...

Por cierto, ¡¡¡¡¡¡se te ha olvidado decir que DILLINGEN IS DEAD!!!! La experiencia en aquel pueblacho de mala muerte veo que la has omitido, porque fue mala.

El día siguiente a Dillingen tuvo su aquel, aunque fuéramos por carretera. El Biergarten de la currywurst estaba bien (aunque los alemanes que lo regentaban eran un poco bordes) y Donauwörth me gustó muchísimo, aunque Neuburg también parecía un pueblillo agradable.

eulez dijo...

Parece que la referencia que hacíamos todo el rato diciendo "Dillingen is dead" se debe, gracias a la Conciencia Global, a una película italiana de 1969 llamada "Dillinger is Dead" (con r, Dillinger, que era un mafioso norteamericano). Película esta que no visionaría ni aunque un ejército de gafapastas me amenazasen de muerte con las puntiagudas y reforzadas patillas de aleación acero inoxidable de sus gafotas.

Por otro lado, Dillingen (la ciudad, no el ganster) estaba verdaderamente muerto. Tan muerto estaba que nos tuvimos que ir a cenar a un kebab de carretera de mala muerte repleto de moscas y donde el dueño turco me daba golpecitos en la chepa, seguramente debido a la secreta esperanza de que por fin le tocara la lotería.