Pestañas

sábado, octubre 10, 2009

Der Deutsche Donauradweg (días 7 y 8: castillos, barco y chaparrón)



En Neuburg nos alojamos en el Hotel Kieferlbräu, del cual no me acuerdo de nada, salvo por que las fotos indican que la habitación era grande. Para salir de la ciudad nos perdimos un poco, para variar, pero al final encontramos el larguísimo carril bici que salía de la ciudad. En realidad, esto de orientarse en las salidas de las ciudades buscando el dichoso cartelito del Donauradweg era una de las cosas más divertidas del viaje.


Después de alguna carretera secundaria con coches a toda velocidad y algún bosquecillo, llegamos a la ciudad de Ingolstadt. Allí paramos para comer el habitual currywurst con bier en un biergarten. La cerveza estaba de muerte y según dicen, es de las mejores de todo el mundo. Este día fue el día de los castillos. Vimos el de la foto de arriba (el Palacio de caza de Grunau), este otro y el Castillo de Ingolstadt. Nos tuvimos que ir más o menos rápido de esta ciudad, pero nos dieron ganar de quedarnos más tiempo.

Saliendo de Ingolstadt nos volvimos a perder un poco. Una vez encontrado el camino, nos topamos con una peligrosísima glorieta, sin carril bici, sin indicaciones, sin nada. Después de dar con la salida adecuada (gracias al mapa y al GPS) el camino continuaba hacia Neustadt por la orilla del Danubio, que ya empezaba a ser grandecito. Por allí vimos una fábrica sacada de un cómic de Tintín, mientras la ruta transcurría a través de carreteras secundarias y cruces sin señalizar. En la parte final, ya casi llegando a Neustadt, había un bonito y largo camino de tierra donde nos encontramos con dos parejas de franceses que venían haciendo el mismo recorrido que nosotros. Curiosamente, iban más o menos al nuestro mismo ritmo de pedaleo, de manera que desde aquí hasta Passau nos los encontramos por todas partes. Uno de ellos, hablaba muy bien castellano y hasta citaba, muy apropiadamente, a Machado (caminante, no hay camino...).




El octavo día fue, seguramente, el más intenso de todos. Este era el día del paseo en barco por el Danubio. Se podía continuar el camino en bici, en lugar de pillar un barco, pero eso habría supuesto, según indicaba nuestra guía, subir unos cuestones del copón en medio de un tráfico del demonio (como que no había ganas). Lo primero era llegar hasta el lugar donde se cogía el barco, que nos llevaría a Kelheim. Ese camino era básicamente carretera secundaria abandonada... abandonada hasta que dejaba de serlo. De hecho casi me pilla un coche en un cruce. La situación fue la siguiente: cuesta abajo, cruce sin ninguna visibilidad ni para el coche ni para los ciclistas y sin ninguna advertencia ni señal. Vamos, que de repente me encuentro que viene un coche a 100 km/h por la izquierda. Me dio tiempo a pegar un frenazo, pero Julia venía detrás y como no se quería chocar conmigo para que no me fuera directo contra el automóvil, hizo una maniobra rara y me clavó sus pedales en el tobillo al chocar su bici contra la mía, cayéndose de culo contra el suelo como resultado. Al final no le pasó nada a ella porque se cayo de forma muy limpia y llevaba el casco, y a mi tampoco salvo la heridilla (que Julia me curó con mucho amor y con algo de culpabilidad) y un dolor en el tobillo que se me quitó en un par de días. Fue el único accidente del camino. Alguno tenía que haber.

Con el cabreo y susto consecuente continuamos la ruta hacia el barco de marras en medio de un tiempo del carajo, que nos obligó a resguardarnos en una parada de autobús. En esta parte del camino nos deleitamos con una parejita de alemanes la mar de monos, guapos y perfectos, que iban totalmente a juego en sus vestimentas y que tiraban como si estuviesen corriendo el Tour. Es decir, nuestra antítesis. Quedaron bautizados como "los guapos" e hicimos, entre risas, todo tipo de conjeturas acerca de sus usos y costumbres, no se si me explico. Al llegar al famoso barco nos los encontramos justo delante en la cola para embarcar y nos dimos cuenta de que, además de estar como sendos quesos (cada uno en su género), eran simpáticos de cojones. Con un poco de culpabilidad por nuestra parte vimos como los guapos nos ayudaban a subir y bajar nuestras bicis del barco. Y todo acompañado con sendas sonrisas profident (pero de las sinceras, o eso parecía).

El paseo en barco tal vez fue uno de los mejores momentos del viaje. Ya no solo por lo que nos había costado llegar hasta allí, sino porque era simplemente bonito de narices. Durante el paseo podía verse al fondo el Befreiungshalle, que es un monumento en honor a las victorias en las guerras contra Napoleón.


Ver mapa más grande

Una vez en Kelheim, comimos algo en un restaurante de la plaza y nos tomamos un café. Pero llovía un poco y esperamos para seguir hacia adelante. Cuando continuamos, pasamos por las habituales carreteras, con algún caminillo campestre y con una enorme inscripción en latín que no tengo ni idea de que era (a ver si en los comentarios con Julia sacamos algo de información). Lo malo es que quedaba mucho para llegar al destino y el cielo se encapotaba, hasta que, efectivamente, nos cayó encima un chaparrón del quince y medio y sin ningún lugar en el que resguardarnos. A
pesar de los chubasqueros, nos chopamos hasta las bragas y los calzoncillos (según el género de cada uno). Esto también tenía que pasar en algún momento.

Empapados, seguimos hacia adelante por un camino paralelo al río que no se acababa nunca, pero nunca, nunca. Muchos kilómetros después y agotados, llegamos a Regensburg. Allí nos alojamos en un sitio horrible, terrorífico, el peor del recorrido. Pero eso ya lo cuento en la próxima entrada.

3 comentarios :

juliacgs dijo...

Pues yo os iba a explicar aquí mismo lo del misterioso monumento de los leones (que ya me he enterado de qué es!), pero blogger no me deja ponerlo bonito, así que paso... Además, todo el rollete que había escrito da pa un post perfectamente, así que ya lo colgaré cuando sea... ¿Podréis contener la curiosidad por saber qué era? ¿Podrás tú, eulez?

Por lo demás, me ha gustao mucho este post. Es casi como si lo hubiera escrito yo, sólo que más concentrao, eso sí...

Y sí, los guapos, hay que decir que ambos eran encantadores, pero sólo nos ayudaron un poquito a subir las bicis al barco, no lo hicieron ellos todo solos mientras nosotros les (ad)mirábamos...

Luego ya, cuando aquí este par de dos servidores decidió darse a la gula y sentarse un par de horas en un restaurante y comernos primero, segundo, postre y café, vimos como ellos se debatían sobre si hacer lo mismo, y al final (como no podía ser de otra manera) decidieron proseguir con su camino, a ritmo de Tour, por supuesto. No volvimos a verlos.

eulez dijo...

Pues no, pues no puedo... Hala! Ya nos ha dejao juliacgs ahí con la intriga a mi y a los numerosísimos e infinitoides lectores de esta entrada que no pueden esperar, que no pueden ni dormir, del ansia por saber qué coño dice la inscripción en latin de marras esa que no saben ni donde está! Bravo!

Está claro que el post tiene inspiración a las entradas no escritas de juliacgs. Lo de los guapos está un poco exagerado, está un poco manipulado para darle interés.

videodromo dijo...

Me encantan los montajes fotográficos que haces sobre el google maps, yo es que lo mío no es la geografía, y esto hace que uno se sitúe un poco más. La foto del castillo mola mogollón.