Pestañas

miércoles, mayo 26, 2010

¡Atenção!


¿Es posible que exista una capital europea en donde quieran menos a las bicicletas que en Madrid? Pues sí, para mi sorpresa existe, y se llama Lisboa. Dejando aparte el tema de las bicis, hay que dejar claro que la capital portuguesa es una ciudad preciosa, en eso esta de acuerdo cualquiera. Y como todo el mundo lo sabe, pues no insisto más en eso. Yo voy a criticar un poco, tema principal de este blog-chorra (aparte del tema de las tetas, que está en progreso).



Aprovechando que estuve en la capital portuguesa unos días la pasada semana santa, este post se iba a titular "movilidad ciclista en Lisboa" e iba a tratar de como está el tema del ciclismo urbano en la ciudad, al igual que hice con otras ciudades como Munich, Basilea o New York. Pero va a ser que eso de "movilidad ciclista" es demasiado decir en este caso, porque apenas se ven bicis. Sobre lo de ir en bici en esta ciudad, lo primero que viene a la mente son las cuestas lisboetas. Está claro que las cuestas son un inconveniente pero no son una razón suficiente para no moverse en bicicleta. Lisboa es una ciudad muy grande y no toda ella está en cuesta. Además, se pueden poner elevadores para bicicletas, permitir bicis en tranvías y autobuses, emplear bicicletas eléctricas, etc. Las cuestas son un punto en contra, pero no son ni mucho menos el peor de los factores. Mucho peor es el endemoniado tráfico de la ciudad, las grandes avenidas de varios carriles que parecen autopistas y el empedrado de la calzada (y de las aceras). No hay ni un solo detalle dentro del centro de la ciudad hacia las bicicletas, aunque sea una acera-bici inútil que no vaya a ninguna parte, un trozo de calzada sin piedrolas o un límite de velocidad (aquí una opinión parecida).




Pero la sorpresa es que en Lisboa hay ciclistas urbanos. Son pocos, pero los hay. Y se les ve manejándose entre los coches sin que estos les respeten ni lo más mínimo, sin que estos guarden las distancias de seguridad. Parece que la falta de respeto es tal que muchos ciclistas lisboetas han terminado por acostumbrarse a circular muy rápido, pegadísimos a la derecha, para no molestar a los señores conductores, con el peligro que eso conlleva al no tener un espacio definido alrededor, además de bordillos, coches aparcados, alcantarillas, peatones intentando cruzar, etc.

De hecho, hasta hay masa crítica en Lisboa, con un récord de participación de 180 ciclistas. Como pasa en todo el mundo, los ciclistas existen y quieren existir; pero, al menos en mi opinión, necesitan de un poco de ayuda por parte de las autoridades para ser más. De lo contrario, la movilidad en bicicleta se reduce a unos pocos "artistas" que saben y se atreven a moverse entre el tráfico como si fuesen motos. Lisboa es una demostración más de que el ciclismo urbano en ciudades grandes es algo totalmente minoritario (y probablemente una moda pasajera) si las autoridades no se implican con campañas de concienciación, pacificando el tráfico, o haciendo carriles bici (útiles). Por si alguien lo duda, recordemos que en Sevilla se ha multiplicado el uso de las bicicletas por 10 en los últimos 4 años. Allí no hay cuestas, pero hace un calor de mil demonios. Y todo ha sido gracias a la apuesta del Ayuntamiento por las bicis de alquiler y por la creación de una red de carriles bici.


En Portugal llaman "ciclovías" a los carriles bici. En los alrededores de Lisboa han construido alguna de estas ciclovías, aunque todas desconectadas y pensadas, supongo, para la práctica deportiva de los domingos (de qué me suena eso?). En este mapa se pueden ver las ciclovías existentes. Entre ellas destaca el carril bici a la orilla del Río Tajo (foto de arriba), que llega hasta la Torre de Belém. Esta ruta de 7 km está adornada con poesía (ver este vídeo), es muy bonita y lo que se quiera, pero útil, lo que se dice útil, no lo es ni mucho menos. Además, la ciclovía está mal hecha, para variar:


En fin, que al final, esto como en todo, es la pescadilla (el bacalhau, en este caso) que se muerde la cola: si la gente no utiliza la bicicleta, las autoridades no hacen nada. Pero si las autoridades no hacen nada, la gente no emplea la bicicleta. En el caso de que los Ayuntamientos y gobernantes no estén por la labor de apostar por un medio de transporte ultraeficiente y no contaminante, solo nos queda la solución de levantarnos un día y decir: "hoy me voy al trabajo en bici, me da igual que no me lo pongan fácil". Y si ves el mensaje en el sobre de azúcar que te echas al café, pues a lo mejor te animas antes y todo:


P.D: Bicicrítica este jueves por la tarde, gañanes, que sé que se os olvida.