Pestañas

jueves, mayo 20, 2010

¡No pudo ser el doblete!


No pudo ser, fuimos a Barcelona, al Camp Nou, con la ilusión de revivir el nuevo doblete para el Atleti, pero no pudo ser: ganó el serio, perdió el alegre. El Sevilla marcó un gol nada más empezar el partido y eso fue el fin de las posibilidades de Atlético. El equipo andaluz maneja como nadie en España el arte del catenaccio, la lectura de la psicología del juego, la presión al contrario al borde de lo que permite el reglamento (y un poco más allá), las pérdidas de tiempo y las tanganas (o sea esto) cuando el rival se anima, etc, etc. No hay más que decir, es que no pudo ser porque el Atlético no esta ya en las mejores condiciones físicas, ni tampoco es que sea el mejor y más creativo equipo del mundo como para ganar, en unas condiciones tan adversas, a un rival tan ordenado. Un rival que ya eliminó al Getafe y al todopoderoso Barcelona exactamente de la misma forma.




Panorámica del Camp Nou (pincha para ver más grande)
Por lo demás, fue destacable el exquisito comportamiento de los 30.000 sevillistas y los 60.000 atléticos desplazados a Barcelona. Parece que no hubo incidentes de ningún tipo entre las dos aficiones, y mira que se llevan mal. En mi caso no es la primera vez que voy a Barcelona pero sí la primera vez que visitaba el espectacular Camp Nou, plagado de los colores rojo y blanco (más rojo que blanco en el caso de los atléticos y más blanco que rojo en el caso de los sevillistas).

Pero en mi opinión lo mejor del partido y de todo lo vivido allí, fue lo siguiente:


Este vídeo es la celebración de los atléticos después de haber perdido el partido. Ahí es nada.

Sin duda esta era la final más emotiva, pero lo de la afición del atlético me llama la atención incluso a mi, que estoy dentro de ella. Resulta increíble la reacción de lo que algunos sectaristas consideran la "masa infrarroja", que según ellos (supongo) es una cosa desprovista de individualidad y personalidad, antinatura, violenta, estúpida y gregaria. Sin embargo, en este caso, la masa rojiblanca, de forma sorprendente, arropó con sus incondicionales cánticos a unos jugadores y a un equipo en el momento en que estos parece que se hundían por haber perdido un título ¡cuando ya habían ganado otro hace una semana! Nadie pretende que el Atlético sea el Real Madrid, cuya única aspiración máxima es ganar, ganar y ganar. Lo único que el aficionado de este club pretende es que el equipo esté a la altura de su historia (y presupuesto) y, especialmente, que responda de forma adecuada a la afición que tiene detrás.

En fin, han sido dos finales fantásticas, la de Hamburgo (narrada también y tan bien por Julia) y esta. A ver si no pasan otros 14 años para poder volver a cantar el "We are the champions" otra vez. O al menos, para intentarlo.