Pestañas

viernes, julio 23, 2010

La patria es la infancia (o reflexión post-mundial)



Ahora sí, escribo la última entrada sobre el mundial de Sudáfrica de 2010, ese que ganó España hace ya un par de semanas. Tocaría ahora, ya que le he dedicado algunas entradas a esto, hacer un pequeño resumen y llegar a alguna conclusión deportiva. Tal vez ahora debería comentar algo sobre lo que ha sido el mundial, del nivel de los equipos, del futuro de la selección española, del gafapastismo recalcitrante de la blogocosa (uy, de eso ya he "dicho" suficiente) o de la influencia de la victoria en la unidad de España (de eso también hay mucho por ahí). Pero no me apetece, mucho se ha escrito ya, no lo voy a repetir (al final de esta entrada dejo algunos enlaces para el que quiera leer más). No, prefiero centrarme en un pequeño detalle sobre la final.



Cuando Iniesta marcó su gol, ese gran gol, Casillas se echó a llorar desconsolado (o no, "porque no todas las lágrimas son amargas" que decía Gandalf)

Ajum, ¡qué disgusto!

Julia comentó en ese momento que parecía que Iker había rejuvenecido 20 años. Es cierto que parecía como si de repente pudiese verse al niño que hay detrás de todo adulto. Revisando las fotos de la celebración podemos ver más ejemplos de esta aparente transformación. Por ejemplo, en la siguiente imagen tenemos a Torres posando con la copa del mundo:

Yo no le echaba más de 16 años

Torres es ya de por sí "el Niño", pero de verdad que en esta foto parece que acabe de salir de los juveniles del Atlético. Tal vez el mejor ejemplo sea el de Rafa Nadal, que también lloró como un niño cuando marcó Iniesta:

Ilusión pura.

Las celebraciones multitudinarias y la alegría colectiva son también un ejemplo de lo que quiero decir. Porque esta alegría no ha sido una alegría forofa o violenta, esa que algunos echan siempre en cara a los deportes de masas, en especial a la hinchada furbolera. No, hasta algunos (como Elvira Lindo) que han dado la matraca con este tema han terminado por rendirse a la evidencia: a la gente le hacía ilusión de verdad que España ganase ese partido. Tanta ilusión como los regalos de Reyes Magos a un niño pequeño. Muy mala persona hay que ser para quitarle la ilusión de los Reyes a un niño, por mucho que uno piense que tal vez no sea lo más correcto mentir de una forma tan cruel a alguien tan inocente. Esa ilusión merece la pena porque tal vez no la volverá a sentir igual en toda su vida. Muy raro hay que ser y muchos prejuicios hay que llevar en las espaldas para no contagiarse de una ilusión así, aunque uno no lo sienta exactamente igual.

Por un día (o dos), un país entero se sintió como si sus habitantes fuésemos niños pequeños y como si los Reyes Magos existiesen de verdad. Los politicastros demagogos y los exaltados de derechas a los que se les llena la boca ensalzando a la bandera española deberían dejarse de estupideces y enterarse de una vez de que la patria es la infancia. Al menos en el sentido moral, porque en el sentido físico, como dijo Vázquez Montalbán, la patria son las cuatro esquinas en las que uno se ha meado.

Enlaces variados:
Gracias.