Pestañas

domingo, octubre 03, 2010

Ciclismo urbano en Copenhague (III: alquiler, aparcamientos y primer paseo)

Vamos a las cosas concretas para ir en bici en Copenhague. Lo primero era conseguir unas bicis. Las nuestras las alquilamos en Baisikeli, que es una tienda de bicis bastante famosa ya que parte de su actividad es dedicada a colaborar en proyectos de ayuda en África.

La tienda de Baisikeli con las bicis disponibles en la calle





La tienda no es demasiado cara, atienden bien, si hay algún problema te cambian la bici y hasta abren los domingos. Lo malo es que las bicis son pelín cutres, conviene probarlas antes de llevarse una porque en la bici puede faltar algún freno (o fallar el contrafreno) o alguna luz. En nuestro caso, la rueda delantera de la bicicleta de Julia se pinchó dos veces en dos días (y aquello nos hizo perder un día entero porque nos pilló en medio de un intento de excursión a Dragør). En cualquier caso, creo que merece la pena alquilar allí porque tratan bien y al menos tienen bicicletas (en otros sitios estaban agotadas).

Pinchazo juliano-desesperante

Una de las gracias de Copenhague es que tienen bicicletas gratis que se pueden pillar poniendo una moneda. Sí, como los carritos de los supermercados. El problema es que están muy solicitadas y apenas se encuentran bicis de estas aparcadas. Y mucho menos dos, claro. Aquí podemos ver una de estas bicicletas:

¡Albricias! ¡Una bici de las gratis disponible!

Estas bicis gratis están enganchadas a unos postes metálicos la mar de cutres. Lo malo es que son muy difíciles de detectar. Además de por ser pocas, están ocultas por el resto de las bicis (privadas) aparcadas en los postes donde se podían encontrar. Daba la impresión de que la ciudad tiene problemas de espacio en cuanto al aparcamiento de bicis. Desde luego, los aparcamientos de las estaciones de metro estaban hasta los topes:

Véase que hay bicis aparcadas en alto y otras que no están amarradas a nada

Una de las ventajas de que haya tantas bicis en una ciudad es que la probabilidad de que te roben es menor. La gente de Copenhague muchas veces deja las bicis en la calle, en la acera, con la rueda de atrás bloqueada (con un candado tipo herradura) y ya está. De hecho, vi alguna bici de las buenas de verdad en la calle sin estar atada a ninguna parte. Que las dejan en cualquier parte, vaya. Esto me recuerda lo del mayordomo que te aparca la bici, te la limpia y te la engrasa si la dejas en un lugar prohibido (esto no lo vimos). Lo de esta ciudad con las bicis es surrealista. Recuérdese también aquello de la policía que te pare, te de un abrazo y un casco de regalo.

Para terminar, nada más pillar nuestras bicis, nos dimos una primera vueltecilla por la ciudad la mar de agradable. Ahí queda la vuelta grabada con el GPS (incluso bordeamos Christiania, por la parte donde había casas familiares con televisiones de plasma y tal):