Pestañas

viernes, diciembre 17, 2010

Madrid y Copenhague: odiosa comparación ciclista

Ciclistas esperando al semáforo en Copenhague

Después de las entradas sobre Copenhague llega la pregunta que es imposible dejar de hacerse: ¿es posible que una ciudad como Madrid pueda llegar a ser algo parecido? Esto ya se lo preguntaron en el blog "enbicipormadrid" y voy ahora a retomar la cuestión para terminar esta serie de entradas sobre la ciclísima capital danesa. Siento que me haya quedado esto un poco largo, pero es que desarrollar una opinión acerca de lo que uno cree que debería ser el ciclismo urbano en una ciudad es particularmente complicado.

Lo primero, tal vez sería dejar claro que en Copenhague no parece haber cambiado mucho desde 1937. Pero esto es una idea equivocada porque, a pesar de que en esta ciudad adoran a las bicicletas, hubo una bajada sistemática en su uso hasta la crisis del petróleo en los años 70 del siglo pasado.

Num. de ciclistas en hora puta en 1950-2005

Entonces empezaron a tomarse medidas para promocionar el ciclismo urbano en serio. Hasta ahora. Actualmente han llegado a tal nivel que se plantean hacer carriles bici subterráneos para conectar con Alemania.

Al igual que Dinamarca, Holanda no fue siempre un "paraíso ciclista" y como tantas otras ciudades de bici, en todas ellas ha habido una implicación clara y una inversión por parte de las autoridades. En el caso de Holanda, probablemente el país del mundo que tiene el ciclismo urbano más integrado en la vida cotidiana, tienen una historia de 104 años de vías ciclistas segregadas. Por poner más ejemplos: Francia acaba de modificar su código de circulación para promocionar el uso de bicicletas en las ciudades, en Nueva York mejoran las infraestructuras y consiguen más ciclistas,  Londres se ha transformado en unos pocos años para ser una ciudad ciclista, en Sevilla multiplican por 10 el número de carriles bici y pasan de 6.000 ciclistas a 60.000, en Lyon lo mismo, etc, etc.

Y aquí es donde surge la pregunta: ¿es necesario que Madrid haga una gran inversión para ser una ciudad ciclista? Es más ¿hace falta que Madrid sea una ciudad ciclista en el mismo sentido que las que se han mencionado en el párrafo anterior? ¿La comparación con Copenhague es adecuada o realista? ¿Es de verdad el modelo de Copenhague necesario?



Vamos a dejarlo claro: no vamos ser más papistas que el papa. Resulta que todas las ciudades que promocionan el ciclismo urbano y tienen cierto éxito siguen o adaptan de alguna coherente el modelo ciclista danés u holandés  (no entiendo como alguien que se diga ciclista puede estar en contra de esto). Evidentemente, también se puede hacer mal, especialmente si se hace sin ganas, véase lo de Praga. Sobre la necesidad de que se use más la bici para desplazamientos cortos, el problema concreto de Madrid ya no es que no haya o no haya bicicletas, es que se sobrepasan los niveles de aviso por contaminación, con el peligro que supone eso para la salud de los habitantes de la ciudad. Es necesario limitar el tráfico contaminante a través de todos los mecanismos posibles (pero sin trucar las mediciones), entre ellos, la promoción del ciclismo urbano. Esta debería ser una razón fundamental tanto para limitar el tráfico contaminante como para promocionar el transporte público y el ciclismo urbano.

Pero pongámonos un poco más en situación ciclista de Madrid. En esta ciudad tenemos un plan director de movilidad ciclista pero que ha sido aplazado de forma indefinida. Tenemos una nueva normativa que permite, como único aspecto positivo, circular a las bicis por el centro del carril pero que no incluye ningún tipo de medida de información a los conductores, con lo que queda prácticamente inutilizada. Tenemos alguna o muchas aceras bici, pero podemos criticar ampliamente ese modelo frente al de auténticos carriles bici (véase la vergüenza de Serrano). Tenemos la zona de la antigua M30 (Madrid Río) que está muy bien (a costa de una deuda brutal), pero que está llena de peatones sin que se haya delimitado por donde van las bicis. Tenemos una red de aparcabicis, pero muchísimos de los mismos están mal puestos en parques y situados en zonas que no son útiles para aparcar. Es decir, aquí hay dinero y esfuerzo gastado en los últimos años. Pero mal o muy mal invertido.

Estas medidas, dado que se han realizado de una forma tan poco decidida y dado que no existen campañas oficiales de ningún tipo,  no sirven de mucho. Es cierto que algunas nos hacen la vida más cómoda a los que ya vamos en bici (en concreto me refiero a algunos aparcabicis), pero el conductor  y ciudadano madrileño no se entera de lo que ocurre. Es decir, el problema de base con el ciclismo urbano no son en realidad las infraestructuras, son las ideas preconcebidas, el histerismo y el paletismo ante lo desconocido y la hijoputez de la gente. Como ejemplos, muchos los conoceréis, he recopilado los siguientes: el conductor de autobús que amenazó a ciclistas con una navaja, la historia del atropello a un ciclista en la Bicicrítica, adelantamientos brutales increpando al ciclista, accidentes por cambios de carril del coche sin mirar, maniobras peligrosas hacia un ciclista porque "le sale de los cojones", comentarios de conductores tales como "deberíais ser más responsables y no circular por la calzada" o bien  "el que va en bici por Madrid es porque no puede permitirse un coche". En resumen, este es un lugar donde la bici sencillamente molesta.

En cuanto a experiencias propias, el otro día conocí a una periodista (conductora habitual, claro) que estaba sorprendida de que las bicicletas pudiesen ir por la calzada. No sé donde se sacó el carnet de conducir, pero ya os podéis imaginar como es una ciudad donde una persona supuestamente informada no sabe eso. Sobre la circulación por la calzada en bicicleta, mi última experiencia desagradable fue cuando una furgoneta consiguió adelantarme en una calzada de un único sentido y carril subiéndose a la acera (que no tenía bordillo) porque yo ocupaba el centro del carril, como me manda el Ayuntamiento. Probablemente, los hijos de puta de la furgoneta ahorraron unos valiosísimos 10 segundos que seguramente gastaron en el siguiente semáforo (si es que lo respetaron, claro).

Aquí muchas personas emplean el argumento de que la mayoría de los conductores respeta escrupulosamente a las bicicletas. No lo niego, es cierto. Pero cuando se está hablando del eslabón más débil de la cadena, no vale con la mayoría. Si un 10% de los conductores no sabe conducir, no conoce las normas básicas de circulación o tiene algún problema psicológico que se refleja durante la conducción, las bicicletas tienen un problema. O al menos hay sensación de que tienen un problema, que para el caso es lo mismo, ya que la gente no usa entonces la bici para desplazarse, que es de lo que estamos hablando. Cualquier encuesta que se haga en cualquier parte muestra esta opinión (o algo similar) por parte los usuarios. Aún así hay que recordar aquí que el número de ciclistas fallecidos por accidentes es mucho menor en zonas urbanas (13 en toda España en 2009) que en carretera (43 en 2009). La peligrosidad real es muy baja si se tienen en cuenta todos los desplazamientos que se hacen en bicicleta en España al año, especialmente en los núcleos urbanos donde el uso de la bicicleta es mucho más habitual. Por ponernos en cifras para comparar, en 2005 murieron en España 6.000 personas por accidentes relacionados con accidentes domésticos y de ocio.

El principal problema entonces para el ciclista urbano es, al menos en el sentido de su percepción,  la interacción con los coches y la inseguridad que esto pueda suponer. Volvamos a Copenhague. ¿Existen estos problemas en la ciudad danesa? Pues no, pero especialmente por aquello que hablábamos de la  tolerancia, prudencia y la concienciación. En los cruces donde no hay vías ciclistas (y donde las hay) ¡el coche se espera! Este tipo de comportamientos de los conductores son habituales en los países del norte de Europa porque están educados desde pequeños en la cultura de la bicicleta (el conductor es también ciclista). Esto es curioso, porque seguramente teniendo en cuenta el nivel de concienciación que tienen muchos países, no les haría falta tener carriles bici. Pero parece que allí se han acostumbrado a ellos y que sin los mismos es posible que la gente no utilizase tanto la bicicleta. Si ya están construidos, funcionan y tienen una cultura ciclista asociada a ellos, no los van a quitar ahora.

¿Qué es lo que hace falta entonces en Madrid? En cuanto a trasladar el modelo ciclista de Copenhague, no creo que sea trasladable ni en broma. Debemos pedir mejoras, pero esto es pasarse de rosca. Las vías ciclistas en la capital danesa (y fuera de la misma) están presentes en casi todas las calles,  las cuales son amplísimas, estando los carriles separados de la acera e incluso de la calzada. Esto parece imposible de trasladar a Madrid, que debería intentar mirar más a  lo que hagan ciudades más grandes y caóticas como Londres, París o Nueva York. En cualquier caso, si no hay dinero, no hay dinero. Es mejor gastar las pelas en Centros de Salud que en carriles bici, vamos digo yo.

En Madrid es más bien necesario empezar desde abajo: hace falta prestigio para la bici. Esto aquí no existe (y lo que es peor, ahora se asocia la bicicleta a los gafapastas). Lo más importante es el respeto de los que comparten la calzada. Esto es complicado, desde luego, pero como ejemplo no hay más que ver el post del amigo Cope sobre la movilidad ciclista en  dos ciudades tan dispares como Hamburgo y Antananarivo. Madrid es actualmente, en cuanto a movilidad ciclista, un punto intermedio entre ambas: ni tiene las ventajas del caos del tercer mundo (la calzada es de todos), ni el orden de los países más desarrollados (normas de circulación, derechos y deberes bien claros). Madrid es, en cuanto a movilidad, una Copenhague de finales de los años 60, donde la gente sigue obsesionada con sus coches, con la gasolina, donde los jóvenes se gastan su primer sueldo en la entrada de un automóvil (si es que sus papis no se lo compran directamente), donde todo gira en torno a este trasto ruidoso, pesado, ineficiente y contaminante.

Esto último es lo que creo que habría que cambiar urgentemente, para empezar. Luego, ya veríamos, pero si de verdad se pretende aumentar el número de ciclistas en la ciudad, las autoridades deberían tener una actitud decidida y crear un modelo de ciudad ciclista. El que sea de acuerdo a los presupuestos y a las dificultades propias de la ciudad, pero que sea coherente y que se aplique en el plazo más rápido posible. No es mucho pedir, ni creo que sea tan difícil.

Por último, la guinda, una foto bien curiosa que sacamos en Copenhague:

Por la vía ciclista y con un perro ¡Perroflauta! ¡Bolchevique! ¡Felipista!

Retomando lo que ya dije en otra entrada con otra imagen similar: os reto a que enumeréis la lista de adjetivos descalificativos que llevaría asociada esta situación en el supuesto de que sus protagonistas fuesen españoles. ¿Alguien censura o increpa a la chica en Copenhague? Pues no. Más de uno de aquí podría aprender un poquito de tolerancia y a dejar de censurar a los demás cuando no hacen daño a nadie salvo a los prejuicios de algunos. A ver si nos relajamos un poquito y dejamos de ser tan hijoputas.