Que sí, que vale, que tenemos los políticos que nos merecemos, que estos no son más que una representación de lo que es la sociedad española en su conjunto. Vale. Pero ¿por qué tiene que ser así? ¿No deberían ser nuestros representantes políticos personas capaces de acometer el difícil empeño de gobernar y no unos pelotas-mindundis-chupatintas? Supongo que todos estaremos de acuerdo en eso. Pues bien, ahí va una posible solución a semejante despropósito: la acreditación para políticos.

Es decir, un sistema parecido
al que tienen que sufrir actualmente los profesores en las universidades con la ANECA y otras Agencias de Evaluación del Profesorado. Para acceder a ciertas plazas o puestos es necesario que un organismo externo evalúe méritos y conceda acreditaciones para cada figura. Cuantos más méritos, más fácil es acceder a un determinado puesto (que además son públicos y competitivos), pero es necesaria la acreditación previa. La ventaja de este sistema es que elimina a gente que no tiene unos requisitos o una actividad mínima necesaria para el puesto de trabajo.
Pues bien, la idea es implantar este método en el sistema político. Por supuesto, los cargos, en lugar de ser elección por méritos como en el caso del profesorado, serían por votación popular, siempre que los candidatos cuenten con la acreditación correspondiente para el cargo. ¿Que quieres ser Ministro? Pues necesitas la acreditación de Ministro, ¿Alcalde o Presidente de Comunidad Autónoma? Ya estas haciendo méritos en la residencia de ancianos más próxima ¿Quieres ser Presidente del Gobierno, Senador, Diputado, Presidente del Congreso, etc, etc? Pues la acreditación correspondiente para el cargo, ya estás reuniendo los interminables papeles y documentos que justifiquen los méritos para pedir la acreditación. Y esos méritos tendrían que ser de variado corte, no vale con pasarse 20 años trepando en el partido, haciendo amigos y practicando el discurso demagógico. No. Habría que currárselo en la calle, hacer méritos en obras sociales y ONGs, participar en asociaciones, fundar empresas, crear empleo, ser un profesional con experiencia útil en la vida pública (la valoración de los méritos dependería del puesto que se quisiese conseguir). Por supuesto, haría falta un grado de formación académica básico para ser, por ejemplo,
Ministro de Fomento y sobre todo para optar al cargo de
Jefe de Estado. Y para ser Presidente del Gobierno, habría que haber ocupado cargos políticos de diversa índole, en España o en el extranjero, y saber idiomas. Es decir, o tienes un curriculum como el de
Javier Solana (que además es físico) o mejor olvídate de gobernar el país.
Ventajas: como podréis imaginar, el sistema permitiría quitarnos bastante lastre de encima. De inicio a Pepe Blanco y la
Sinde, seguramente a Rajoy (que no obtendría ni la acreditación a Presidente de Comunidad de Vecinos) y a tantos otros infraseres que andan por ahí detrás (Consejeros, Asesores, Secretarios de Estado) y que no se les ve. Ah! Y a los Borbones, aunque estos por experiencia en el cargo seguramente podrían optar a la acreditación a Jefe de Estado. Claro, que en "otros méritos" estarían suspensos... y además luego tendrían que ganar unas elecciones, claro está.
Problemas: este sistema limitaría la capacidad de elección de los representantes populares. Es decir, la democracia, tal y como la entendemos, se vería (en principio) seriamente restringida, ya que un
cualquiera, por muy popular que fuese, no podría acceder a los órganos de Gobierno. Ahora bien, yo os pregunto lo siguiente: ¿acaso un
cualquiera accede ahora mismo a los órganos de Gobierno? Vale, sí, con un poco de suerte, a lo mejor hasta te hacen senador (casi) por casualidad, como me contestó la senadora (de verdad) Fátima Ramírez (
Mernissi)
en su formspring. Pero ¿esta persona ha sido libremente elegida por los ciudadanos? ¿Alguien la ha votado directamente? ¿O acaso es que la metieron en la lista de candidatos y salió elegida porque la gente vota al partido y no a los miembros de la lista? Entonces, ¿qué diferencia hay entre el método actual y un sistema de acreditación de políticos? Pues no mucha, es más o menos igual de poco democrático.

Más
problemas: ¿quién le pone la cascabel al gato? ¿Quiénes serían los encargados de las comisiones de acreditación? ¿Quién los nombraría? Esto, como tantas cosas, sería una cuestión de regulación. Serían necesarias unas normas muy rígidas y detalladas en cuanto a la puntación necesaria para las acreditaciones, de manera que cualquier funcionario (y es importante que sean funcionarios y estén muy bien pagados para evitar corruptelas) pueda realizar las acreditaciones. Y estas evaluaciones deberían ser públicas para que cualquiera las pueda revisar.
Otro
problema: un sistema de méritos para políticos haría que solo un determinado tipo de gente pudiese dedicar el tiempo y el dinero necesario para conseguir el curriculum necesario. Como consecuencia es posible que solo pudiesen acceder a las acreditaciones una élite social y cultural muy determinada, provocando que el sistema rozase la
plutocracia. Pero respondo lo mismo que antes: ¿acaso eso no ocurre ya? ¿Acaso muchos miembros de la clase política no pertenecen ya a una élite social determinada? ¿Acaso no es necesaria una cantidad ingente de dinero para las campañas electorales? ¿Acaso el poder real no se encuentra ya en manos del capital y sus intereses? Para poner un parche a esto, en el sistema de acreditaciones, se podría crear una serie becas y subvenciones para aquellos que necesiten tiempo para prepararse y que hayan demostrado (méritos, notas) la capacidad para optar a una determinada acreditación a un cargo y no dispongan de tiempo o dinero para para hacerlo sin una ayuda económica. Complicado, pero se podría hacer. ¿Acaso actualmente todos los licenciados en Derecho disponen del tiempo y el dinero necesarios para preparase las durísimas oposiciones a juez? Pues eso.
Bueno, como podréis imaginar, todo esto solo una idea chorra en un blog-chorra fruto de una mente rencorosa (y chorra). Por cierto, con acreditaciones o no, sería necesario un sistema de listas abiertas, de votos ecuánime (una persona, un voto) y de replantearnos el modelo de Estado, que
ya va siendo hora. Si
ni siquiera hacen una reforma de la Ley Electoral, ¿cómo van a hacer lo de las acreditaciones?
Actualización: Gracias
al Salmón, la propuesta ya
tiene grupo en Facebook. De aquí a su aprobación en el Parlamento hay un paso (ná más).