viernes, agosto 19, 2011

De qué va el 17A


La manifestación laica juntó hace un par de días a laicos, ateos, homosexuales y cristianos de base para protestar contra que se pague la visita del Papa y sus Juventudes con nuestros impuestos.

Han pasado muchas cosas estos días. En la manifestación en concreto lo que pasó fue que un grupo ultraderechista intentó reventar la manifestación al entrar a Sol. Lo que pasó fue que alguno recibió un navajazo por parte de un civilizado y tolerante católico. Pasó que la Policía, después de la manifestación, sólo dejaba entrar a que llevaban una mochila de las Juventudes, como si fuesen mejor que el resto. Pasó que los cuerpos de seguridad detuvieron, pegaron e insultaron a multitud de personas de forma indiscriminada. Alguno habla de autocrítica, porque parece que un laico tiró una botella de agua. Debe de ser que es lo mismo.

Hay multitud de testimonios, relatos y material audiovisual sobre lo ocurrido tanto el 17A como durante la concentración del día siguiente en repulsa a los sucedido. Por ejemplo, pueden consultar este post o lo publicado sobre el tema en Menéame. El mejor resumen del 17A es seguramente el de fanetin.

No se trata de que sean católicos, crean en Dios o en el Spaguetti volador. No se trata de que uno no entienda todo esto, que no se entiende. Se trata de la imposición. Se trata de que se imponga una invasión de una ciudad, de que se llene de personas sucias, gamberras, maleducadas, intolerantes, ruidosas y, encima, beligerantes, cuando están aquí de prestado y gracias a las inauditas facilidades de las autoridades. Se trata de que se corte todo el centro de la ciudad para ellos (algo inadmisible en cualquier otro caso y para cualquier otra cosa), de que se les permita dormir en centros públicos, de que ahora se abran las fuentes de la ciudad (que llevan lustros cerradas, para desesperación de los madrileños), de que se diga que los beatitos no tienen que pagar la atención sanitaria o de que no se les multe si se cuelan en el Metro.

Se trata de que se reciba con honores a un, al menos, cómplice de delincuentes, a un viejo dictador, que se atreve a afirmar sin rubor y con la boca llena que los cristianos deben ser "radicales" al combatir el rechazo a la fe. Se trata de que todos los medios, todos, inunden sus informativos y sus coberturas de esta mierda, ignorando los abusos de la Policía o las protestas de algunas personas. Se trata de que nadie diga que un tal Rouco Varela se está postulando como próximo Papa o de que buena parte del poder económico de este país, vinculado al Opus Dei, está dando un golpe en la mesa para dejar claro de qué cojones va España. Se trata de la derecha más rancia siga reivindicando que las Juventudes, el Papa y todo aquello que suene a Católico Romano es equivalente a la civilización occidental. Se trata de que los políticos del PSOE y derivados, que se ven venir una revolución conservadora en España, están tomando posiciones, permitiendo y fomentando el uso de la violencia si es necesario para proteger su estatus.

De esto va esta historia. No de mochilas, de curas y de botellas de agua.