miércoles, febrero 01, 2012

La casilla del IRPF y la conciencia de clase

En las últimas semanas ha estado disponible una iniciativa de firmas ideada por fjheras para la inclusión de una casilla en la declaración del IRPF en favor de la ciencia. La iniciativa a estas alturas va camino de las 280.000 firmas y ha sido la campaña más votada en la historia de Actuable


Su autor ha sido entrevistado en los medios y hasta el que seguramente sea el primer premio Nobel de Física (algún día) nacido en España ha dado su apoyo a la iniciativa. Tanto uno como otro han dado a entender que esa iniciativa debe ser complementaria y que el presupuesto oficial para la inversión en ciencia va por delante. A pesar de la relevancia de tal cantidad de firmas, la implantación de la idea ya ha sido descartada por los principales partidos políticos. 

Para el que no lo sepa, todo esto viene a cuento del recorte de 600 M€ que va a realizar el Gobierno de Rajoy en el presupuesto asignado a ciencia (con la excepción de un pueblo en el norte que resiste ahora y siempre al invasor). La ciencia española es una de las joyas de la corona de la democracia postfranquista, que ha surgido con relativo éxito en este país a pesar del retraso centenario que llevamos acumulado en este terreno. Estamos (o lo estuvimos) en un momento en el que puede darse el salto para equipararnos a los países más desarrollados sobre todo porque lo más difícil, el capital humano, ya lo tenemos. Solo hay que proporcionar medios y planificación. Ninguna de las dos cosas existe en España en el terreno científico.

Forges es que es muy grande.

Recientemente, Universidades y empresas han pedido un pacto de Estado para proteger la actividad científica mientras que la Unión Europea pide que no se recorte en esto. La idea detrás de estas declaraciones es que la única salvación económica de los países occidentales, especialmente los europeos, es la de vender innovación. Hace falta una buena política científica a largo plazo, la mejora de la inexistente carrera científica, crear una relación universidad-empresa sostenible, empezar a fomentar la generación de patentes y crear puestos de trabajo atractivos para los jóvenes científicos españoles y extranjeros. La relación entre ciencia fundamental y la innovación económicamente productiva tal vez no esté clara (algunos lo dudan) pero es la única posibilidad que tenemos para intentar lograr empresas prósperas, que se fundamenten en la producción de algo (y no en una simple actividad sacaduros-llenasacas) y que puedan generar empleo que no se hunda en la primera supuesta crisis económica que aparezca. El astronauta Pedro Duque lo ha resumido muy bien
"Todos los gobiernos entienden, al menos los buenos, que lo último en lo que se debe recortar cuando atraviesas una etapa de crisis económica es en las actividades que supuestamente van a darte un futuro cuando fructifiquen." 
Dicho todo esto, me gustaría criticar la iniciativa de la casilla del IRPF. Por cierto, criticar significa solo eso, criticar. No significa menospreciar o insultar al que no opina como tú, no significa manipular o ser demagogo. Se puede opinar sin los perversos retorcimientos argumentativos que emplean algunos supuestos gurús y creadores de opinión de Internet. A diferencia de estos, soy perfectamente capaz de apoyar una iniciativa con la que no estoy muy de acuerdo si la mayoría de la gente considera que es acertada. En tuiter, alguno consideraba que la campaña era una chorrada peligrosa. Yo no voy a decir eso ahora, pero voy a comentar aquí los motivos por los que no estoy de acuerdo con esta idea de la casilla del IRPF para la ciencia y las razones por las cuales me parece equivocada e incluso contraproducente.

Las razones básicas por las cuales esto no me parece bien son las siguientes: 
  1. Se equipara la investigación científica a las actividades de una determinada religión y a las de las ONGs. Es decir, como si el científico fuese un cura o un voluntario, con todo el respeto del mundo al menos al segundo (y al primero, depende). 
  2. El dinero que se recaudaría, además de escaso, sería variable de año en año. La planificación de una investigación no puede basarse en presupuestos variables (eso ya ocurre todos los años). El problema no es tener portátiles, es de planificación a largo plazo. 
  3. Supondría una reducción permanente del presupuesto de investigación.
  4. Se profundiza en la idea de que la ciencia española no requiere una organización seria, un presupuesto estable o una carrera investigadora digna. 
Sobre el primer punto, un ejemplo para comparar: una iniciativa más neutra, denominada "Salvar la investigación", tiene tenía 600 firmas (ya la han borrado, este es el enlace al meneo). La pregunta es sencilla: ¿por qué esta iniciativa de la casilla del IRPF ha tenido entonces tanto éxito? La respuesta es así mismo directa: por contraposición con la casilla de apoyo a la Iglesia Católica. A mucha gente le molesta mucho que esa casilla para la Iglesia esté ahí y considera que el dinero que se reparte a ONGs no se sabe a dónde narices va. Para eso que se invierta en ciencia, que alguna utilidad tendrá. 
Viñeta de Manel F.
La ciencia no es una religión y no es una actividad humanitaria. La ciencia puede servir para responder a preguntas que antes solo eran incumbencia de la fe y puede servir para hacer un mundo más justo, pero en realidad es una inversión que el Estado realiza para su propia prosperidad, tanto económica como cultural. La equiparación en la asignación con la Iglesia Católica fomenta el eterno conflicto ciencia/religión y se entra en una especie de competición que en este caso no viene a cuento y está por completo fuera de lugar. Además, el Estado (al menos en España y con la excepción de los rebeldes del norte) organiza la actividad científica, pero no la de la Iglesia o las ONGs. 

Sobre el punto dos, hay varias opiniones críticas sobre esta idea de la casilla (una y dos). En el último enlace nos dicen que si todo el mundo marcase la casilla de la ciencia en el IRPF, esto supondrían menos de 500 M€, que es una cantidad menor que la cantidad que ha recortado el Gobierno. Además, ese dinero sería variable de año en año. Una situación curiosa que se da en algunas universidades es que hay dinero para comprar cosas (inventariable o fungible) pero no lo hay para contratar profesores o investigadores. No hace falta dinero suelto, monedillas o calderilla, lo que hace falta presupuesto sostenido en el tiempo para infraestructuras y personal. 

El punto tres es más especulativo, pero puede entenderse gracias a la experiencia que todos acumulamos acerca de lo que es nuestra clase política (no acreditada) y gracias a que la ciencia no tiene ni la más mínima trascendencia en cuanto a número de votos. Si en este país el Gobierno de turno incluyese la casilla del IPRF para ciencia, reduciría de inmediato el presupuesto oficial en I+D ¡Si ya está la casilla de la declaración de la Renta, que dé dinero a la ciencia la gente que quiera! En otro lugar tal vez sería un añadido, pero aquí sería una excusa para más recortes. 

El cuarto punto es el más complicado de explicar y de entender, porque incluye algo de introspección hacia el comportamiento de los que nos dedicamos a esto y eso siempre es jodido de aceptar. La ciencia (en España) siempre ha tenido un problema porque se ha considerado secundaria, vocacional.. algo propio de gente muy inteligente y genial, que solo necesitan un cuaderno y un cacho de pan para subsistir (como un misionero o similar, volvemos al punto uno). Pero es que la actividad científica es una actividad laboral, una inversión en términos de educación y de innovación. Estas dos ideas son las que históricamente no se entienden en España. La idea de la casilla del IRPF y su "confrontación" con otras actividades no gubernamentales da a entender lo contrario. Es decir, ahonda en el problema de fondo. 

Este problema parte de las propias vocaciones científicas. Hay una tendencia natural a ignorar nuestros derechos laborales en pos de una idea idílica de la actividad científica. Lo que aguanta una persona que en España decide dedicarse a la ciencia no lo aguanta (casi) nadie en el mundo laboral, que ya está mal de por sí. No solamente se trata de falta de contratos, de años sin ver un duro, de tener que cambiar de lugar de residencia constantemente; se trata de no tener ningún tipo de planificación a medio-largo plazo acerca de lo que va a ser la carrera profesional porque todo depende del político de turno y del dinero (siempre de las sobras) que se le ocurra meter en el saco de la investigación científica. Nuestra perseverancia en aguantar lo que sea con tal de continuar nuestra vocación tiene un carácter que roza el sadomasoquismo y además es tremendamente dañina para la profesión en sí, ya que perpetúa y sostiene un modelo de precariedad laboral basado en no dar la importancia que se merece a la profesión de científico. Solamente la presión de unos pocos, como FJI-Precarios, ha conseguido que las condiciones hayan mejorado un poco, al menos en el periodo predoctoral. Lo de la carrera investigadora sigue pendiente. 

Esto último es en realidad aplicable a todos los asalariados españoles, pero ese es otro tema. La falta de conciencia de clase en el mundillo científico es algo que hay que cambiar cuanto antes, porque creo sinceramente que es la base del problema. A partir de ahí sería posible convencer a la sociedad de que la actividad científica sostenida y bien financiada es algo imprescindible a todos los niveles. Y más en los tiempos que corren.

Actualización: Si se quiere protestar en contra de la financiación estatal de la Iglesia, casi que es mejor firmar en esta campaña.