martes, enero 01, 2013

Feliz antaño nuevo

Viñeta de JRMora

El año pasado empezaba como una incógnita. Era el año maldito y no estaba claro qué nos iba a regalar, pero no defraudó, no señor, salvo tal vez porque el mundo no se acabó como nos prometían los mayas, una pena. Tal vez sería mejor no hablar de 2013, pero se supone que es lo que toca. Me disculpo de antemano por el malrollismo de la entrada, ya me gustaría disponer del estado de ánimo que muy meritoriamente desprenden otros.

Cuando hay que hablar del tiempo pasado y reflexionar sobre lo que dejamos atrás siempre hay dos aspectos en los que fijarse: lo sucedido y tus planes (esperanzados) de futuro. Lo pasado, pasado está, pero lo importante siempre es lo que está por venir. Sin eso no te levantas de la cama por las mañanas, cosas de nuestro evolucionado cerebro.

Lo malo del futuro es que depende de otros, a menudo de la sociedad en su conjunto. Nos encontramos en 2013 con una España sumida en un caos político-económico y en una especie de depresión colectiva, algo que sólo puede conducir a la desesperanza. Es decir, a no querer levantarse por las mañanas. Algunos dirán que somos el 99% o que hay que fijarse en Islandia. Medias verdades lo uno y lo otro. Por descontado, la estafa existe, pero lo de España, o más bien lo de los habitantes de esta península, viene de lejos, de muy lejos. Poco podría hacerse más que recopilar y esparcir los incontables problemas históricos encima de la mesa, plantear soluciones aproximadas y refundar el país a todos los niveles. Y a ver qué pasa. No sirven mensajes propios del parvulario (o de un Estado autoritario) como el de Campofrío.

Salir de la depresión colectiva no es posible con una sociedad adormecida, sectarista, formada por colectivos que protestan, si es que lo hacen, de forma aislada y sólo cuando se les toca directamente. No es posible tampoco si sólo le echamos la culpa a otros. No tenemos planes de futuro, sólo actitud defensiva. Parece que lo único que pretendemos es que se nos deje tal y como estábamos, porque lo de antaño debería ser maravilloso, supongo. Deberíamos al menos tener esperanza en qué tipo de mundo queremos para el futuro. Pero qué va.

A nivel personal, mi consuelo ahora mismo son el cactuscillo cabreado, el trabajo (lo mismo me paso la mitad del 2013 en Suiza) y las aficiones (que no son pocas). Al menos no me han echado del curro todavía (cuando llegue el rescate que dice Rajoy que no necesita, veremos). No hay mucho más y lo poco que hay se vuelve cada vez más importante ante la falta de esperanza en la mayor parte de lo que me rodea. 

Pues eso, feliz antaño nuevo a todos.