Pestañas

martes, julio 16, 2013

La Sala Francisco de Vitoria en la ONU

Una de las pocas excursiones que dio tiempo a hacer durante la estancia de este año en Suiza fue a la sede de la ONU en Ginebra. En realidad la sede principal de la ONU es la que se encuentra en New York, mientras que la de Ginebra da la impresión de estar en declive, a pesar de ser la siguiente en importancia. Allí pudimos ver la cúpula de Barceló, en la Sala de los Derechos Humanos de la organización:

Todas las fotos son de juliacgs

El guía de la visita destacó en más de una ocasión la contribución de España tanto a la actual ONU como a la antigua Sociedad de Naciones. La obra de Barceló costó 20 millones de euros pagados por el Gobierno español. No sé si lo recordarán, pero en su momento el PP y la caterva mediática que lo rodea realizaron una crítica furibunda hacia este gasto por considerarlo inútil, a pesar de la publicidad (positiva) hacia España que supone. Es curioso que ahora se haya descubierto que, mientras tanto, ese partido gastaba dinero en confeti o en lacasitos, amén de comisiones, sobresueldos y demás.

Otra de las contribuciones realizadas por España se encuentra en los edificios de la Sociedad de Naciones, contiguos a los que componen la actual ONU. Hablo de «la Sala de Francisco de Vitoria». La sala fue una donación realizada durante la II República y que fue decorada por el artista José María Sert:

 

Esta sala rinde homenaje a la «Escuela de Salamanca» y al Catedrático Francisco de Vitoria que fueron los primeros en concebir el mundo como una unidad política capaz de elaborar leyes de obligado cumplimiento para todos los países. Y esto allá por el año 1500. Sert realizó varias pinturas al óleo que cubren toda la sala, también llamada como «Gran Sala del Consejo del Palacio de la Sociedad de Naciones en Ginebra». Las pinturas desarrollan una serie de alegorías relativas al progreso de la humanidad, la justicia, el derecho internacional, así como la guerra y la paz. La alegoría central, donde puede observarse la catedral nueva de Salamanca, trata de la unión de los cinco continentes, algo que evitaría más guerras:

La catedral de Salamanca es el edificio de la izquierda
Sin embargo, la inauguración de la sala tuvo lugar en octubre de 1936, en plena Guerra Civil. Resulta muy triste e irónico que la República, que pagó (o más bien pidió prestado) este encargo para contribuir de esta manera a la difusión de los conceptos de paz mundial y de cooperación entre los pueblos, se viniese abajo por el enemigo interior pero también por el fascismo exterior, tal y como representó Picasso en el Guernica.

Hablando de Picasso, poco después de esta inauguración, Sert se pasó al bando franquista debido a que, durante los disturbios anticlericales durante el inicio de la guerra, se quemaron los frescos que el artista había realizado para la catedral de Vic. En la Expo de París de 1937, como contrapropaganda por parte de los rebeldes españoles, se exhibió una pintura suya sobre Santa Teresa en el pabellón del Vaticano, justo detrás del pabellón de la República en donde se exponía el Guernica de Picasso.

La historia de esta sala me resulta profundamente dramática. En parte, supongo, que debido a que  desconocía su existencia. Parece que en España, desde la Guerra Civil, se ha insistido mucho en tapar todo lo referente a aquella época, bueno o malo, positivo o negativo. Salvo que uno lo busque o se lo encuentre de bruces por alguna razón, como ha sido el caso. Se supone que ese era el precio a pagar por la conciliación entre los españoles. El problema es que ya hemos visto a donde nos ha llevado la política del olvido y de la no ruptura: cientos de miles de niños robados (¿ya lo hemos olvidado?), partidos profundamente corruptos, un modelo económico basado en el pelotazo y las comisiones, tasas de desempleo inauditas. Y lo que es peor, una sociedad adormecida y ombliguista, que ni conoce su pasado ni piensa en el futuro. El «España me duele» de Unamuno empieza a ser literal. Siempre lo fue, supongo.