Pestañas

domingo, diciembre 29, 2013

El copépodo-móvil o reflexiones de un ciclista urbano al volante

No, eso del «copépodo-móvil» no se trata de un nuevo listófono con temática bióloga. Esta es una historia acerca de como un tipo aborrece-coches que se consideraba «ciclista urbano» se puso a conducir regularmente uno de esos trastos contaminantes ¡ETA, los coches son ETA!




En fin, el menda se sacó el carné de conducir hace siete años y con mucho sufrimiento y decía por entonces que no tenía ninguna intención de comprarme un coche. Pero amigo, las cosas cambian, y vaya si cambian. Como, además, mis padres se han ido a tomar vientos a vivir (y no tienen coche) y el curro me lo van a cambiar de sitio (a tomar por culo también), andaba yo con el ojo avizor a ver si veía algo de segunda mano para comprar. Pero me daba miedo ir a un particular porque no tengo ni pajorela idea de coches y en este país, en ese plan, te timan seguro. Pero amigo, la emigración del Copépodo tuvo una sola consecuencia positiva y es que querían vender su Renault Clio, que es este:


Así que les compramos su coche. Después de volver de Suiza, y en pleno embarazo de juliacgs, una de las primeras cosas que hicimos fue dedicarle algún tiempo a convertirme en un conductor de primera («no aceleres, no aceleres»). No tenía ninguna experiencia con coches, salvo lo que hice con el carné, ni en conducir solo, ni por ciudad, ni por carretera... Vaya, que un poco desastre. Me llevó un mes de sufrimientos ponerme a tono, justo a tiempo para el parto.

Ahora bien ¿qué opina acerca de conducir un coche un tipo odia los coches como instrumento masivo de desplazamiento? Lo primero que cada vez que lo arranco pienso, aunque sea de forma irracional, que estoy haciendo algo perverso. Lo segundo, que es muy caro. Lo tercero, que en realidad conducir bien uno de estos vehículos por ciudad no es tan distinto de ir en bicicleta. Cuarto, que tal como pensaba, no resultan útiles salvo para cosas excepcionales. Me explico punto por punto:

Perversidad:

Los coches, o más bien su uso excesivo, son los culpables de lindezas tales como aumentar la mortalidad prematura gracias a los accidentes o a la contaminación, la dependencia energética del petróleo o apartar a las personas de las calles. Sobre esto último, me sigue resultando chocante el tipo de ciudad o pueblos que hemos construido, en donde la vía para coches ocupa más que el trocito de acera que tienen los ciudadanos para poder desplazarse usando sus propias piernas. Hay gente que se ha creído tanto la importancia del coche que te pide disculpas o te hace el gesto de «pasa tú» cuando te paras con el coche en un paso de peatones, cuando es su derecho pasar cuando les venga en gana y mi obligación pararme. Más de una vez hasta me he cabreado con el peatón de turno y le he tenido que hacer aspavientos para que pasase.

Es muy caro:

El seguro del coche es una pasta inmensa. Están las reparaciones, los impuestos... Ah, una cosa: ¿saben que existe un número especial del BOE que registra el precio medio de todos los modelos de coches de segunda mano? Si por alguna casualidad compras un coche por debajo de ese precio que marca el BOE, la sección correspondiente de Hacienda (que depende de las Comunidades Autónomas) te manda un aviso diciendo que pagues la diferencia. Es decir, esta gentuza que se considera tan liberal, está «tocando» el precio de mercado para cobrar los impuestos correspondientes. Entre esto y decir que lo que hay que pagar por el coche es una cantidad fija (economía planificada) no hay más que un paso. Lo liberal, si acaso, sería pagar impuestos en función de lo que ha costado la compra, no en función de lo que ellos consideran que vale el coche.

Curiosamente, la gasolina es más barata de lo que esperaba. Por eso hay lumbreras que afirman con la boca llena que moverse en coche cuesta lo mismo que comprarse un abono de transporte público (es cierto que yo gasto lo mismo al mes). Pero claro, no tienen en cuenta lo que te ha costado el coche de inicio, ni lo que te sacan en el garaje, en la plaza de aparcamiento, en Hacienda, por el seguro, por los impuestos de propiedad, tracción y qué más sé yo. Eso sí, todo esto es con un uso limitado del coche, porque como se te ocurra hacer todos los días 40 km, entonces sí que es cara la gasolina.

La circulación:

Ah, este es mi punto preferido. Ya he comentado que hasta hace poco no tenía experiencia real como conductor. La cosa fue gradual, primero siempre acompañado por juliacgs como copiloto, hasta que conseguí independizarme (con ayuda de un GPS, que la orientación no es lo mío). Muchas cosas me llaman la atención de cómo circulan el resto de conductores. Muchas de ellas ya las conocía por ir en bici por la calzada, pero algunas sorprenden por encontrármelas también en coche. Una pequeña lista:
  • El ansia en los semáforos. Cuando el semáforo se pone en verde hay que arrancar en un nanosegundo o te pitan, especialmente si el semáforo es de esos breves que se ponen en rojo en seguida. Las furgonetas suelen ser especialmente insoportables en este sentido.
  • Los intermitentes. Para muchos conductores no existen. Ellos ven un hueco y allí que van ¿para qué indicar si consideran que no hay peligro de choque?
  • Los conductores de coches grandes. Sencillamente van por los carriles como si fuesen un autobús, ni miran ni respetan. Como te descuides te echan del carril.
  • El desconocimiento de las señales en los carriles de la calzada. Para muchos conductores lo de que hay distintos carriles y que cada uno de ellos indica qué es lo que puedes hacer debe ser simplemente indicativo. Te puedes encontrar y te encuentras con conductores que se colocan en un carril de giro a la derecha obligatorio y te tuercen a la izquierda. Sin intermitentes, claro.
  • Las incorporaciones. La gente no respeta unas mínimas normas de cortesía ni de lejos. Se te acaba el carril y ni se molestan en dejarte incorporarte a la autopista: ni frenan, ni aceleran. La mala educación pasa a ser temeridad porque es muy fácil entrar en trayectoria de choque. Tanto me cabrea el tema que a menudo me coloco en el carril de la derecha solamente para poder hacer el gesto de dejar pasar a los que se incorporan.
  • La velocidad. Esta es la más gorda de todas. Se supone que hay un límite de velocidad, pero solo se supone. En una carretera con un límite de 100 km/h, la velocidad «lenta» real a la que circulan los coches es de 110-120 km/h, y además a esa velocidad hay que colocarse en el carril de la derecha o te pitan porque los que van por el de la izquierda superan con mucho esa velocidad. Si se te ocurre ir a 100 km/h te adelanta todo el mundo e incluso te pueden llegar a pitar, aun circulando por la derecha. Cágate como la carretera sea de un solo carril, entonces tendremos pitas, agobio y caravana garantizadas.
  • La falta de respeto hacia los ciclistas de carretera. Ahora lo entiendo todo. La lógica del conductor con respecto a esto es la que sigue: si tengo que moverme a la izquierda para dejar distancia de seguridad a los ciclistas, tengo que frenar, porque vienen coches en sentido opuesto y hay que esperar la oportunidad para sobrepasar con seguridad. Como no quiero frenar ni esperar (ver punto anterior) no me queda más remedio que pasar pegado a ellos. Plas-plas.
Y así me podría tirar todo el día. Las quejas que puede tener un ciclista urbano no son en realidad tan distintas. Esto demuestra que no hay un conflicto bici/coche, lo que hay en realidad es un conflicto no-estupidez/estupidez. Hay gran cantidad de ciclistas que son imbéciles por la forma que tienen de circular (en Madrid, no hay más que pasarse por el paseo peatonal del río Manzanares para ver unos cuantos ejemplos). La única diferencia es que no pilotan un trasto que es una bomba cinética si se usa mal.

Su uso es muy específico.

Esto es sencillo. No se puede coger el coche en ciudad o para desplazarse al trabajo en horas punta, salvo que te gusten los atascos. No se puede mover a según qué sitios debido a la falta de plazas de aparcamiento. Por ejemplo, a mi curro no puedo ir en coche salvo que vaya muy tarde o muy pronto, porque no hay sitio donde aparcar. Lo mismo para volver a casa. Es decir, no sirven para un moverse de forma habitual en ciudad de forma cómoda. El coche sí que es cómodo para trayectos largos no habituales. Para eso está muy bien y da mucha libertad y comodidad. Pero es caro. Si hay conexión fácil, es mejor el autobús o el tren.

El tiempo, esto es importante. Si nos movemos por la ciudad fuera de hora punta, cuando se puede aparcar con facilidad y no hay tráfico, el ahorro de tiempo puede ser considerable con respecto a cualquier otro medio de transporte. Contrapartidas: la horquilla temporal para desplazarse es demasiado estrecha, algo que te quita libertad. Además, olvídate de quedar después del curro, porque el trasto no hay forma de aparcarlo dentro de la ciudad (salvo que te dé por buscar un parking público y por gastar más pasta). Por último, es que conducir un coche, al menos para mí, no es divertido ni relajante. Cuando vas en transporte público puedes hacer cualquier otra cosa (¡leer!). Cuando vas en bici te lo pasas bien y haces ejercicio.

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En fin, como tantas otras cosas, esto es otro punto de inadaptación con respecto a lo que me rodea. Es que soy más raro que un perro verde. O que una caca azul.