Pestañas

jueves, noviembre 14, 2013

Las series yanquis y los bebés tamagotchis

Básicamente lo que quiero decir se resume en lo siguiente: en las series norteamericanas (o en cualquier otra producción audiovisual actual con cierta audiencia) cuando los personajes tienen un bebé recién nacido es como si hubiesen parido a un tamagotchi. Le dan de comer cuando quieren, juegan con él, este sonríe y a otra cosa, mariposa, que tiene que pasar algo interesante y el bicho no da de sí.

Los sufridores padres que estéis o hayáis pasado por eso de traer un bebé a casa ya sabéis de que va esto. La vida se vuelve del revés, no duermes, no trabajas, no sales e inviertes casi todo tu tiempo en el cuidado del bebé o el desastre que se genera en la casa (por falta de mantenimiento). Eso añadido a los cambios en la relación de pareja, que en el mejor de los casos llevan a pillarse 10 kilos extra a base de chocolate para evitar la ansiedad. No sé si me explico.

Pero no, en las series, llega un bebé y tan panchos. Un par de ejemplos para comentar: el primero es la que ha sido la serie del año, Breaking Bad:

Mi papá es la ostia. Gñé. Los bomberos están de acuerdo.

En algún momento aparece por la casa un bebé que está por allí como si fuese un peluche. Le cogen de vez en cuando, le dan un biberón (nada de dar de mamar) y hala, que nos vamos a hacer drogaína, a matar a alguien o a blanquear dinero negro, que aquí no ha pasado nada de interés, bitches. Dale a un megalómano como Walter White un bebé llorón y cansino que ya verás la que te lía con el estrés. 

Otra serie donde se ven cosas idílicas es Modern Family, cuando precisamente se supone que es una serie que va de todo lo contrario y quiere dar una imagen de modernidad. Aquí se enlaza con el tema de la lactancia materna, porque Gloria (¡oh!) le da el pecho a su niño recién nacido (con toda facilidad, por supuesto). Pero resulta que, como nos explican en este post, eso es de dar de mamar en público es una cosa un tanto vergonzosa:

El marido de Gloria la censura por ser tan «alegre»

Pero, claro, ¿quién es la persona que da de mamar? No es la anglosajona rubia de turno, no, es la sudaca gritona tercermundista que habla mal inglés y tiene unas tetas enormes. Eso no lo dice en el post, pero es lo que hay. En EEUU hay un problema con este tema, famosa fue la historia de la esposa del diplomático belga a la que acusaron de ser ETA por dar TETA (ja-ja).

Y en fin, así todo. La próxima vez que veáis una serie os fijáis. Y no escribo más que tengo aquí al albanokosovar protestando por alguna desconocida razón. Ahora le despierto haciendo esto, por ejemplo. Ñarf, ñarf. Gñé. ¿Dónde están los bombones?

lunes, noviembre 04, 2013

Cholo, el chucho

Hace ya un par de años mis padres decidieron dejar Madrid e irse a vivir al pueblo. La historia sería larga de contar y no viene al caso en un egoblog de mierda, de manera que vamos a dejar así el hecho de que mis padres ahora viven en una casa de dos pisos en El Tiemblo, en Ávila, de donde es originario mi padre. 

Una de las primeras cosas que hicieron fue adoptar a un perro recién nacido. El perro, por iniciativa mía, fue bautizado con el apodo del actual (y esperemos que eterno, aunque sabemos que eso no es posible y menos en fútbol profesional) entrenador del Atleti: el Cholo Simeone. Sí, el chucho se llama Cholo:


A Cholo le gusta cazar bichos. Si se le dice "Cholo, ¡pájaro!" o "Cholo, ¡mosca!" sale corriendo a buscarlos entre dentelladas y saltos. Le gusta comer solo, si se le molesta mientras come, te gruñe. Mis padres lo malcrían porque le dan de comer cualquier cosa, incluida todo tipo de comida de humanos no apta para chuchos.

A Cholo no le gusta toda la gente. Hay gente que no le gusta nada. A esos los desprecia y no deja que se le acerquen. Otra gente le gusta mucho. Julia le gusta mucho, o al menos le gustaba cuando estaba embarazada. Cuando me ve a mí se emociona y se tumba para que le acaricie la barriga. Lo malo es que de tan nervioso que se pone, se suele mear encima si se te ocurre tocarlo, así que prefiero decirle: "no, Cholo, que me meas". Le gusta jugar a la pelota conmigo. Usamos un balón de futbol sala antiguo, de cuando yo era pequeño, que de tanto uso y de viejo ya no conserva el cuero. Yo se la tiro alta y él se estira cual Thibaut para pararla y luego devolvérmela.

Cholo es el dueño de la casa y controla a todo el que entra y a todo el que sale. Te acompaña por donde vayas, como si te estuviese enseñando sus aposentos. Le gusta tener a todos los miembros de la familia controlados y se pone muy triste y nervioso si alguien se va, aunque sea un momento (como le pasa al perro de Oatmeal).

Cholo solo tiene un año, que es el equivalente a siete de un humano (o no). Esperemos que aguante y le dé tiempo a jugar con Clauderas dentro de unos años. Seguro que se harán amigos.

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Y hasta aquí el post ñoñas de este mes. En la próxima entrada ya me cagaré en la puta madre de alguien, que a ver qué se han creído ustedes que es esto.