Pestañas

jueves, marzo 20, 2014

Mudanza: adiós, Carabanchel

Restos de la ya derruida cárcel de Carabanchel. Me vale como metáfora

No hace mucho contaba por aquí que nos habíamos mudado con mucho esfuerzo... Sin embargo, poco tiempo después, nos hemos vuelto a mudar otra vez. Más de uno nos ha preguntado por qué nos hemos salido del piso nuevo tan rápido. La respuesta suele venir acompañada con caras de odio y hastío vital infinitos y por la convicción de que nunca jamás volveremos a vivir en Carabanchel o en alguno de los barrios periféricos de Madrid, a no ser que cambien mucho las cosas.




Esto lo afirmo desde la sabiduría que me proporciona haber vivido 35 años en cuatro pisos distintos en un mismo barrio. Siempre he defendido a Carabanchel como un barrio popular y muy agradable, con muy buena y rápida comunicación con el centro de Madrid a través del transporte público. Es este barrio donde crecí, un barrio que recorrí con los amigos del colegio buscando un sitio con porterías donde poder jugar al fútbol (aunque eso supusiera hacerse algún esguince al escalar vallas de colegios cerrados al estilo melillense). Era un barrio en donde la gente salía a la calle por las noches, donde los bares solían estar bastante animados los fines de semana. Ahora no hay niños, los parques están mucho más vacíos y más bien parece un barrio residencial, muerto a partir de las nueve de la noche.

Carabanchel debe su imagen popular a dos cosas: a la cárcel de infausto recuerdo y a Manolito Gafotas. Durante muchos años la gente asociaba el barrio con la cárcel, como si todo el lugar viviese dentro de una especie de muralla carcelaria. Es cierto que durante los años setenta y ochenta del siglo pasado era posible tener problemas con pandas variadas, gitanos oyepayodameeso, jeringuillas usadas en los parques, ratas en ciertos lugares, heroinómanos, yonquis, atracos (los famosos asaltos a sucursales), etc. Todo esto sin embargo era muy común en casi todos los barrios obreros de las grandes ciudades españolas, así que ni siquiera eso era algo propio del barrio. Pero aquello cambió a partir de los 90 y en los 2000. El barrio obrero pasó a ser de gente de bien, el dinero negro campaba a sus anchas, los gitanos vivían recogidos en pisos, los vecinos se hipotecaban a pesar de su trabajos de mierda y la mitad de los habitantes de un barrio obrero votaban a la derecha, que para eso eran ya propietarios.

Pero amigos, llegó la crisis, esa cosa que muchos llaman estafa a secas pero que ha tenido un impacto tremendo sobre ciertos lugares. En un tiempo récord desaparecieron todos o casi todos los comercios del barrio y los contenedores de basuras se llenaron de gente revolviendo en ellos. Esto último no es exclusivo de Carabanchel, ya lo sabemos, pero lo primero fue devastador. Probablemente el fin del comercio de barrio ha estado relacionado con que los bancos dejaron de prestar dinero. Es más que posible que estos comercios, ya antes de la crisis, no generasen suficientes ingresos y que se sustentaran básicamente en el crédito o tal vez en el dinero negro que procedía de la construcción de pisos. No lo sé, pero el resultado es que empezaron a cerrar uno tras otro. En un barrio donde había una panadería en cada esquina, ahora había que ir a comprar el pan al supermercado. Y los comercios que han sobrevivido no se caracterizan ni por la calidad de su producto o ni por la atención al cliente.

La gente joven del barrio se fue a vivir más a la periferia aun (o tal vez se había ido antes, animados por la burbuja y el crédito hipotecario fácil). Se quedaron algunos inmigrantes demasiado aficionados a poner regeatton a todo trapo a las dos de la mañana. También se quedaron, por supuesto, a dónde iban a ir, nuestros queridos ancianos estoconfranconopasaba; esas personas que, en una gran proporción, sólo se preocupan por sus achaques y por aquello que tenga que ver con su piso de abuela premuerta.

Hablando de pisos de abuela muerta (nota: hay que actualizar ese blog), debido al efecto de la crisis aparecen en el barrio muchos pisos vacíos para comprar a precios inferiores a 200.000€. Eso sí, muchos de esos pisos fueron construidos después de la guerra, con unas fachadas desastrosas, sin ascensores y con una decoración que nadie se ha atrevido a tocar. El alquiler también avanza, sobre todo por la imposibilidad de vender semejantes habitáculos. Sin embargo, ahora nadie tiene dinero para hacer reformas, todo el dinero del alquiler va destinado «a la saca» o a pagar la hipoteca del piso donde vive el casero. Es decir, que si vives en un piso del barrio, del moho cuando empiece a llover no te libras.

Nuestro último piso lo elegimos precisamente porque era algo distinto. Estaba reformado por completo y disponía hasta de lavavajillas (nota: cuando visitamos un piso una portera nos dijo literalmente que la gente que alquila no suele usar lavavajillas). Nos las prometíamos felices pero la realidad ha sido muy distinta. Puede reformarse el piso por dentro, pero si no se toca la estructura y los edificios colindantes el problema se mantiene. En las últimas lluvias las paredes del piso empezaron a combarse y aparecieron pequeñas fracturas por todas las paredes. Y por supuesto, surgió nuestro amigo el moho en cualquier rincón donde se pudiese acumular un poco de humedad. A esto hay que añadir el piso patera de abajo a la derecha que tenía el gusto de deleitarnos de forma gratuita con la atronadora música que le apasiona a la gente andina a las tantas de la mañana («es que hay un cumpleaños». Literal).

El resultado ha sido salir de allí en cuanto nos ha sido posible con la condición inalienable (Putin dixit) de nunca volver a vivir en Carabanchel. Una pena después de tantos años, pero qué se le va a hacer. Tal vez, algún día, a algún alcalde, se le ocurra atender a las necesidades urbanísticas del barrio y no dejar que se hunda en la miseria de la edificación falangista. O tal vez, algún día, los habitantes de esta ciudad y especialmente los de estos barrios, recuerden a qué se dedican, de dónde provienen y cual va a ser su futuro y el de sus hijos.

Ahora por aquí, mucho mejor. A ver si es verdad.