Pestañas

lunes, mayo 26, 2014

La segunda

Ha sido un magnífico año para el Atlético, que ha terminado como campeón de Liga. Además, gracias a su juego, su orden defensivo y a sus ganas han conseguido llegar a la final de la Champions League, la antigua Copa de Europa, el título a nivel de clubes más importante del mundo. Después de eliminar brillantemente al Chelsea, el último rival era el Real Madrid, otra vez, que venía con la obsesión de obtener su décimo título. 



Antes de continuar, hay que aclarar que las diferencias entre el Real y el Atlético son evidentes: el Real Madrid puede permitirse el lujo de tener a un fichaje de 40 M€ en el banquillo o de hacer el más caro de la historia. Además, también sabemos que la Champions, en el formato actual, es una competición para ricos. El Atlético no es que sea pobre, pero desde luego no puede competir con los presupuestos de los últimos campeones de la competición.

Para el Atlético esta era su segunda final. La primera se disputó hace 40 años y es conocida como «El trauma de Bruselas». Fue contra el Bayern de Munich, el mejor equipo del mundo de la época, repleto de jugadores que serían campeones del mundo con Alemania. El Atlético, en principio inferior, era el de Gárate y Luis Aragonés. El partido fue bien, el Atlético parece (no lo sé, no he llegado a verlo entero) superior por momentos. Luis marcó de falta en la prórroga. Cuando ya se saboreaba el título, y a falta de 30 segundos para el final, un defensa de nombre impronunciable (Schwarzenbeck) hizo esto:

Esto le quitó el sueño a mi padre durante años

Gol y empate a uno. Entonces no había tanda de penaltis y se tuvo que jugar un segundo partido. En aquel desempate, el Atlético, además de tener bajas por lesión, estaba hundido psicológicamente por el golpe. No hubo nada que hacer y el Bayern pasó por encima con un 4-0 (el partido completo se puede ver aquí).

¿Qué paso en esta final de 2014, 40 años después? Pues exactamente lo peor que podía pasar: una repetición de la final contra el Bayern, pero con el agravante de ser contra el Real Madrid, el eterno rival, el vecino rico. El Real ganó 4-1 gracias a un gol de un defensa en el tiempo de prolongación. La prórroga le sobró al Atlético que no pudo contener lo que le venía encima. Dentro de las diferencias, lo mismo que hace 40 años.

No deja de ser increíble como cierto tipo de cosas se repitan con tanta similitud a través de los años. No son los mismos jugadores, ni siquiera fue contra el mismo club. Pero el partido fue el mismo que nos han contado una y mil veces nuestros mayores. Tal vez la única diferencia es que el Atlético no jugó bien. Hubo algún momento, durante la primera parte, en que el Real claramente tenía dudas y si el Atlético hubiese tenido a Diego Costa y a Arda Turán en plena forma, podrían haber rematado la final. Pero el Atleti no tenía lo necesario para hacerse con el partido, no hizo ni una ocasión de gol, con la excepción del gol de Godín, que más fue una cantada de Casillas. Así es complicado ganar una final contra un rival que se permite tener un banquillo que vale más que toda la plantilla del Atlético.

Pero aun así, en esta situación ¿no podía el Atlético perder como un equipo normal? Un par de goles del Real Madrid y a casa. Pues no. El Atlético no hace las cosas así, el Atleti, como decía Joaquín Sabina («qué manera de palmar, qué manera de vencer»), gana de la forma más épica y pierde de la forma más cruel posible. Él te da esperanzas y luego te las quita. Te deja la miel en los labios y luego te la arranca de un hachazo. Te trata mal y, sin embargo, te conquista. Porque no es lo mismo jugar a favor de estos dos o junto con este impresentable que no hacerlo. Porque no es lo mismo que te alarguen 5 minutos al final del partido o que no lo hagan. Porque no es lo mismo tenerlo todo a favor que no tenerlo. Porque nosotros sí sabemos que «en cualquier aspecto de la vida, por insignificante que sea, te aguarda una lección».

Esto es lo que es. Esto es «el pupas». Este es mi Atleti. Que sea Clauderas el que vea la siguiente final, que yo le contaré una y mil veces esta. Aúpa.