Pestañas

miércoles, julio 09, 2014

Ay, el periodismo científico

Un punto de conflicto que aparece a veces cuando haces algo de ciencia es cómo intentar divulgarla. Muchos científicos dedican grandes cantidades de tiempo y de esfuerzo a realizar divulgación tanto de sus actividades investigadoras como de otros temas relacionados con la ciencia en general. Los que no tenemos tiempo para este tipo de actividades suele ser porque tenemos que sobrevivir a las jubilaciones-sin-reposición-de-plaza de docentes y además mantener un mínimo de actividad investigadora a pesar de los recortes. La divulgación es en cualquier caso necesaria y se hace como se puede. Una de las maneras es delegar en los periodistas científicos.

Mi experiencia en esta interacción con el periodismo científico es limitada, pero puede resumirse en este gif animado:



El autor del gif aclara que con ese montaje no pretendía criticar lo que hacen los periodistas científicos, sino todo lo contrario. Quería decir que los científicos no son capaces de librarse de los detalles que impiden comunicarse con el gran público.

Voy a contar mi experiencia al respecto, que ya digo que es muy reducida, seguro que para otras personas es mucho más fructífera. Una periodista de mi universidad me escribe preguntándome por uno de mis últimos papers. Le comento que el artículo al que se refiere es una comunicación a un congreso y que no tiene mucho de novedoso. Es un artículo cuyo principal mérito es la colaboración mía, en solitario, con gente del extranjero y que los resultados más importantes estarían por llegar. La periodista insiste, sin haber entendido lo que le acabo de comentar (no estoy seguro de si sabía lo que eran los factores de impacto y todo eso). Me dice que en mi trabajo trata del movimiento browniano, que eso es de lo de Einstein y que se puede poner una del físico germano en la noticia, que eso vende. Vale, pues venga, lo contamos. Hacemos una especie de entrevista escrita donde me pregunta dudas y yo se las respondo lo mejor que puedo. Contesto sin complicaciones ni palabras extrañas, explicando conceptos de forma sencilla pero siendo estrictamente correcto. A continuación escribe un artículo de una hoja y espero a que me lo mande para revisarlo.

Cuando me lo manda y leo el escrito lo que me encuentro es, en resumen, un desastre. El texto es científicamente incorrecto y hay problemas gramaticales de todo tipo. Equivoca toda la historia de Einstein y el movimiento browniano, dando mal las fechas y hablando del tema como si todo se redujese a lo que hizo Einstein hace 110 años y a una fórmula. Se le da importancia a cosas que no la tienen e incluso se equivocan las conclusiones. El problema es cómo explicarle a la autora que su texto está mal de arriba a abajo, y que incluso da la impresión de que no sabe escribir de forma medianamente correcta. Intento reescribirlo bien, con la imprescindible ayuda de la experta juliacgs, siendo constructivo y manteniendo la estructura original que tenía el texto. (Nunca lo diré lo suficiente: si escriben cosas serias, pongan a un revisor/corrector profesional en su vida).

Como esperaba, no hay demasiado entendimiento y la periodista afirma que tiene que atenerse al «estilo periodístico» (las comillas que ella usa no son las españolas, claro, serán cosas del estilo periodístico). Me manda el texto recorregido quitando cosas que ya había cambiado antes, sin avisarme antes de que lo había hecho. Corrijo de nuevo, se lo mando y la periodista afirma que no se puede publicar como noticia ese texto según se lo he escrito, que no cumple con el estilo. Al final, después de la intermediación de su jefe, y dado que yo no acepto que se digan cosas incorrectas en un texto en el que tenga algo de influencia, especialmente si se hace mención a mi trabajo, la noticia no se publica como tal y el texto queda colgado en alguna parte sin más. Eso sí, la foto de Einstein sí que aparece.

Esto que cuento es el típico conflicto del que se habla en el gif de arriba, pero yo no estoy de acuerdo con las conclusiones de su autor. Si bien es cierto que el científico tiene que olvidar ciertos detalles para comunicar mejor con el público, eso no significa que lo que se diga en la divulgación tenga que ser incorrecto. No hay ninguna necesidad de decir las cosas mal (denominar al bosón de Higgs como «la partícula de Dios» es muy incorrecto).  La divulgación tiene que ser muy precisa en el lenguaje y en el contenido porque al dar poca información y ser muy general se puede estar diciendo (o dando a entender) lo que no es. No hay ninguna partícula de Dios. Dios nada tiene que ver con las partículas elementales, que sepamos. El sensacionalismo acecha escondido en una esquina.

Los que hacemos ciencia tenemos muchos dolores de cabeza intentando hacerlo todo bien y sin errores. Lo pasamos mal intentando explicar nuestro trabajo de la forma más adecuada y precisa posible. Esto puede ser un inconveniente a la hora de contar la investigación, pero para eso deberían estar los profesionales de la comunicación. Es de suponer que un «periodista científico» debería tener la formación y la capacidad suficiente para entender, más o menos, lo que se dice en un artículo científico y ser capaz de expresarlo de la manera que considere adecuada, pero siempre siendo correcto en todos los aspectos. Y si no sabe, que pregunte. El buen divulgador debería ser capaz de compaginar entretenimiento e interés con rigurosidad. Ser riguroso no significa dar detalles innumerables o poner fórmulas kilométricas, significa no decir nada que pueda considerarse falso para alguien que sepa mínimamente del tema.

Esto enlaza con lo que comenté en su día acerca del triunfo de las pseudociencias (repasen el penúltimo párrafo). En mi opinión, es más importante (en la mayoría de los casos) saber cómo se desarrolla el método científico que la propia conclusión del trabajo científico («la ciencia no busca la verdad», como dicen aquí). La metodología es lo que marca la diferencia fundamental con respecto a creencias, dogmas y homeopatías en general. Mal negocio estamos haciendo si la noticia científica se dedica a vender la moto sin tener en cuenta cómo se llega a los resultados que se pretenden divulgar (y mucho peor si además lo que se está escribiendo es incorrecto en algún aspecto). Esta es una forma de desprestigiar la actividad científica. Si una persona que lee un texto de divulgación acaba descubriendo que lo que ha leído es incorrecto: ¿qué diferencia entenderá que hay entre la ciencia y cualquier otra memez que pueda leer en otra parte?