Pestañas

lunes, julio 21, 2014

Bici Claudia

Visto aquí

Una de las cosas que he abandonado en los últimos meses ha sido lo de montar en bici regularmente. Y no lo he llevado nada bien, porque para mí esto de la bici tiene su importancia. El último año y medio, entre el embarazo de Julia, la estancia y el bebote albanokosovar, ha sido tan duro que no había forma humana de volver a usar la bicicleta, especialmente si, como era el caso, la tenía estropeada. Para ir al trabajo o para movernos he tenido que usar medios más establecidos y mundanos (en Madrid) como el coche o el transporte público.

Contaba en su día que estaba europeizando mi bici Nishiki (híbrida), que era el mismo modelo de bicicleta que aquella que me robaron hace ya 7 años (me ha quedado trauma de aquello). Lo hice, e incluso le puse una rueda trasera con freno de contrapedal que funcionaba relativamente bien. Lo malo es que había un fallo en el diseño de la reforma y el plato no encajaba bien, y al cabo de un tiempo de uso, se me caía la biela cada dos por tres. Había que buscar una solución o llevar la bici a un taller, pero no tenía tiempo para eso. 

Una cosa fundamental en mi situación actual es la gestión del tiempo: no tengo suficiente y no lo puedo gastar en chorrás (¿qué hago escribiendo aquí?). También ando corto de paciencia (la gasto toda), de sueño (biberones a la 1 y a las 5, amén de pedidas de agua, toses, enfermedades y demás) y de fuerzas (se imaginan). Un ejemplo: hace poco nos compramos un ventilador de techo y en la tienda nos dicen que es muy fácil de instalar ¡ni de coña! Que ya se yo cómo va esto: una mañana para montar el trasto, después de desesperarme varias veces, para que al final no esté seguro de si se va a caer sobre nuestras cuerpos cuasi-durmientes durante la noche. ¿Cuánto cuesta la instalación? ¿30 euros? Venga, eso no es dinero comparado con vaciar la barra de paciencia, un día de sufrimiento y muchas noches de incertidumbre.

Pues así todo, y lo mismo con la bici. Así que desguazo la antigua y empiezo a buscar una nueva. Además, quiero ponerle una silla de bebé, para llevar al bosoneras de paseo. A buscar. Las condiciones para la bici nueva son las siguientes:
  • Grande (la antigua me estaba pequeña) y equipada (luces, pata de cabra, portabultos, etc, si tengo que instalar algo, que sea lo mínimo)
  • Los cables por dentro del cuadro. Estoy hasta las narices de toparme con los cables por todas partes.
  • De chica. Sí, de chica. O sea, eso que llaman «de chica» que no es ni más ni menos que tenga un cuadro con barra baja. Los diseñadores de bicicletas deben vivir en un mundo en el que todas las chicas van en faldita y no pueden levantar la pierna por encima del sillín no sea que se les vean las braguitas. O al revés, que todos los que tienen un pene tienen la obligación moral de poder alzar la pierna metro y medio. Debe ser algo de machote, no sé (Lo de la barra baja es importante si se lleva una silla de bebé, porque no hay que inclinar la bicicleta a la hora de montarse).
  • El manillar que sea ajustable en altura y ángulo. Parece que uno es un poco deforme para las medidas estándar (piernas cortas para mi altura, creo) así que necesito algo que me permita colocarme en la bici como me dé la real gana.
  • Precio: No más de 600 €, que ya es mucho para una bicicleta, que luego te la roban y te mueres del disgusto.

Renuncio a varias cosas, como mirar mucho la calidad de los componentes, los frenos de disco, el freno de contrapedal, etc. Después de mucho buscar, solamente encuentro un modelo que me convence: esta Orbea. Los componentes no son demasiado buenos para el precio que tiene, pero vaya, si alguno de ustedes es una mujer de 1,90 metros buscando una bicicleta (de barra baja) de su tamaño entenderán lo que les digo.

Me fui a preguntar por la bici a Ciclos Otero, que me pilla cerca de casa, y en fin... primero se extrañaron de lo de que quisiera una bici de barra baja para mí (como era de esperar) y luego no quisieron encargarme la Orbea de tamaño XL sin tener que pagarla antes. Como le dije al vendedor, no sé qué sentido tiene una tienda física si no se pueden probar las bicis, y que para eso la compraba por Internet. Al final así lo hice, y después de varias semanas de espera, llego mi nueva bicicleta, nombrada de inmediato como «La Claudia»:

La Claudia. Ha heredado las alforjas cutres de la bici antigua

Ahora, a usarla todos los días, que ya está bien de tanto trasto motorizado. Dónde está la bicicrítica, que me la hago entera (qué va, si estoy matao...)