Pestañas

domingo, julio 27, 2014

Octavo aniversario

La mierda con ojos del Guachap es esta. Copiotas.

Parece mentira, pero aquí estamos otra vez: 27 de julio, fecha en la que se celebra el aniversario de este egoblog de mierda (anteriores: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis y siete). Como siempre, en esta entrada hay que hablar de muchas cosas, pero aquí estamos de recortes, como el Gobierno de Rajoy, así que vamos rapidito, que no tengo tiempo.

lunes, julio 21, 2014

Bici Claudia

Visto aquí

Una de las cosas que he abandonado en los últimos meses ha sido lo de montar en bici regularmente. Y no lo he llevado nada bien, porque para mí esto de la bici tiene su importancia. El último año y medio, entre el embarazo de Julia, la estancia y el bebote albanokosovar, ha sido tan duro que no había forma humana de volver a usar la bicicleta, especialmente si, como era el caso, la tenía estropeada. Para ir al trabajo o para movernos he tenido que usar medios más establecidos y mundanos (en Madrid) como el coche o el transporte público.

Contaba en su día que estaba europeizando mi bici Nishiki (híbrida), que era el mismo modelo de bicicleta que aquella que me robaron hace ya 7 años (me ha quedado trauma de aquello). Lo hice, e incluso le puse una rueda trasera con freno de contrapedal que funcionaba relativamente bien. Lo malo es que había un fallo en el diseño de la reforma y el plato no encajaba bien, y al cabo de un tiempo de uso, se me caía la biela cada dos por tres. Había que buscar una solución o llevar la bici a un taller, pero no tenía tiempo para eso. 

Una cosa fundamental en mi situación actual es la gestión del tiempo: no tengo suficiente y no lo puedo gastar en chorrás (¿qué hago escribiendo aquí?). También ando corto de paciencia (la gasto toda), de sueño (biberones a la 1 y a las 5, amén de pedidas de agua, toses, enfermedades y demás) y de fuerzas (se imaginan). Un ejemplo: hace poco nos compramos un ventilador de techo y en la tienda nos dicen que es muy fácil de instalar ¡ni de coña! Que ya se yo cómo va esto: una mañana para montar el trasto, después de desesperarme varias veces, para que al final no esté seguro de si se va a caer sobre nuestras cuerpos cuasi-durmientes durante la noche. ¿Cuánto cuesta la instalación? ¿30 euros? Venga, eso no es dinero comparado con vaciar la barra de paciencia, un día de sufrimiento y muchas noches de incertidumbre.

Pues así todo, y lo mismo con la bici. Así que desguazo la antigua y empiezo a buscar una nueva. Además, quiero ponerle una silla de bebé, para llevar al bosoneras de paseo. A buscar. Las condiciones para la bici nueva son las siguientes:
  • Grande (la antigua me estaba pequeña) y equipada (luces, pata de cabra, portabultos, etc, si tengo que instalar algo, que sea lo mínimo)
  • Los cables por dentro del cuadro. Estoy hasta las narices de toparme con los cables por todas partes.
  • De chica. Sí, de chica. O sea, eso que llaman «de chica» que no es ni más ni menos que tenga un cuadro con barra baja. Los diseñadores de bicicletas deben vivir en un mundo en el que todas las chicas van en faldita y no pueden levantar la pierna por encima del sillín no sea que se les vean las braguitas. O al revés, que todos los que tienen un pene tienen la obligación moral de poder alzar la pierna metro y medio. Debe ser algo de machote, no sé (Lo de la barra baja es importante si se lleva una silla de bebé, porque no hay que inclinar la bicicleta a la hora de montarse).
  • El manillar que sea ajustable en altura y ángulo. Parece que uno es un poco deforme para las medidas estándar (piernas cortas para mi altura, creo) así que necesito algo que me permita colocarme en la bici como me dé la real gana.
  • Precio: No más de 600 €, que ya es mucho para una bicicleta, que luego te la roban y te mueres del disgusto.

Renuncio a varias cosas, como mirar mucho la calidad de los componentes, los frenos de disco, el freno de contrapedal, etc. Después de mucho buscar, solamente encuentro un modelo que me convence: esta Orbea. Los componentes no son demasiado buenos para el precio que tiene, pero vaya, si alguno de ustedes es una mujer de 1,90 metros buscando una bicicleta (de barra baja) de su tamaño entenderán lo que les digo.

Me fui a preguntar por la bici a Ciclos Otero, que me pilla cerca de casa, y en fin... primero se extrañaron de lo de que quisiera una bici de barra baja para mí (como era de esperar) y luego no quisieron encargarme la Orbea de tamaño XL sin tener que pagarla antes. Como le dije al vendedor, no sé qué sentido tiene una tienda física si no se pueden probar las bicis, y que para eso la compraba por Internet. Al final así lo hice, y después de varias semanas de espera, llego mi nueva bicicleta, nombrada de inmediato como «La Claudia»:

La Claudia. Ha heredado las alforjas cutres de la bici antigua

Ahora, a usarla todos los días, que ya está bien de tanto trasto motorizado. Dónde está la bicicrítica, que me la hago entera (qué va, si estoy matao...)

viernes, julio 18, 2014

De retro-banderitas y coches-armario

Una cosa que me ha llamado mucho la atención últimamente (en Madrid) es la afluencia de banderitas de España en los retrovisores (retro-banderitas, jajaja, #festivaldehumor) de los coches. Es decir, esto:



Las aparición y multiplicación de las banderitas que he visto no parece depender ni del Mundial de fútbol, donde se la dieron bien con queso gouda al Bigotones (que hace algo tan español como no dimitir), ni de la coronación de los nuevos Reyes. Según dicen en algunos foros de Internet, la banderita de marras tiene que ver con la Virgen del Pilar, que dicen que protege o algo similar. Por cierto, si os fijáis también es habitual ver banderas de otros colores, cruces enormes y hasta rosarios.

Sea por patria o religión, lo mismo me da. Si es por superstición, vamos listos, porque eso ahí en medio, si hace algo, es molestar y quitar visibilidad en la conducción. Y si es por patria, pues no deja de ser curioso eso de reivindicar la insignia borbónica dentro de las cuatro paredes de tu coche en donde solo va el conductor (fumando o hablando por el móvil, normalmente) y, si acaso, su familia. Debe ser un comportamiento propio de esos de los de la mayoría silenciosa, que dice Rajoy. 

Querido patriota, si tan orgulloso estás del país en el que vives, de sus reyes, de su gobierno, su corrupción, su provincianismo y de su tasa de paro, pues sal del coche-armario, olvida el supuesto silencio de la mayoría, abandona las banderitas que nadie ve y reivindica en la calle tu españolismo. Júntate con otros como tú, descúbrete el pecho, ponte unos pantalones de cuero ajustados, monta una carroza y saca, que se vea bien, la bandera más grande y larga que tengas. Si es con aguilucho, pues mejor. Reivindica el orgullo de sentirte profundamente españolísimo. Si otros, rojos y maricones, salen a la calle, ¿por qué tú no? Ánimo.


miércoles, julio 09, 2014

Ay, el periodismo científico

Un punto de conflicto que aparece a veces cuando haces algo de ciencia es cómo intentar divulgarla. Muchos científicos dedican grandes cantidades de tiempo y de esfuerzo a realizar divulgación tanto de sus actividades investigadoras como de otros temas relacionados con la ciencia en general. Los que no tenemos tiempo para este tipo de actividades suele ser porque tenemos que sobrevivir a las jubilaciones-sin-reposición-de-plaza de docentes y además mantener un mínimo de actividad investigadora a pesar de los recortes. La divulgación es en cualquier caso necesaria y se hace como se puede. Una de las maneras es delegar en los periodistas científicos.

Mi experiencia en esta interacción con el periodismo científico es limitada, pero puede resumirse en este gif animado:



El autor del gif aclara que con ese montaje no pretendía criticar lo que hacen los periodistas científicos, sino todo lo contrario. Quería decir que los científicos no son capaces de librarse de los detalles que impiden comunicarse con el gran público.

Voy a contar mi experiencia al respecto, que ya digo que es muy reducida, seguro que para otras personas es mucho más fructífera. Una periodista de mi universidad me escribe preguntándome por uno de mis últimos papers. Le comento que el artículo al que se refiere es una comunicación a un congreso y que no tiene mucho de novedoso. Es un artículo cuyo principal mérito es la colaboración mía, en solitario, con gente del extranjero y que los resultados más importantes estarían por llegar. La periodista insiste, sin haber entendido lo que le acabo de comentar (no estoy seguro de si sabía lo que eran los factores de impacto y todo eso). Me dice que en mi trabajo trata del movimiento browniano, que eso es de lo de Einstein y que se puede poner una del físico germano en la noticia, que eso vende. Vale, pues venga, lo contamos. Hacemos una especie de entrevista escrita donde me pregunta dudas y yo se las respondo lo mejor que puedo. Contesto sin complicaciones ni palabras extrañas, explicando conceptos de forma sencilla pero siendo estrictamente correcto. A continuación escribe un artículo de una hoja y espero a que me lo mande para revisarlo.

Cuando me lo manda y leo el escrito lo que me encuentro es, en resumen, un desastre. El texto es científicamente incorrecto y hay problemas gramaticales de todo tipo. Equivoca toda la historia de Einstein y el movimiento browniano, dando mal las fechas y hablando del tema como si todo se redujese a lo que hizo Einstein hace 110 años y a una fórmula. Se le da importancia a cosas que no la tienen e incluso se equivocan las conclusiones. El problema es cómo explicarle a la autora que su texto está mal de arriba a abajo, y que incluso da la impresión de que no sabe escribir de forma medianamente correcta. Intento reescribirlo bien, con la imprescindible ayuda de la experta juliacgs, siendo constructivo y manteniendo la estructura original que tenía el texto. (Nunca lo diré lo suficiente: si escriben cosas serias, pongan a un revisor/corrector profesional en su vida).

Como esperaba, no hay demasiado entendimiento y la periodista afirma que tiene que atenerse al «estilo periodístico» (las comillas que ella usa no son las españolas, claro, serán cosas del estilo periodístico). Me manda el texto recorregido quitando cosas que ya había cambiado antes, sin avisarme antes de que lo había hecho. Corrijo de nuevo, se lo mando y la periodista afirma que no se puede publicar como noticia ese texto según se lo he escrito, que no cumple con el estilo. Al final, después de la intermediación de su jefe, y dado que yo no acepto que se digan cosas incorrectas en un texto en el que tenga algo de influencia, especialmente si se hace mención a mi trabajo, la noticia no se publica como tal y el texto queda colgado en alguna parte sin más. Eso sí, la foto de Einstein sí que aparece.

Esto que cuento es el típico conflicto del que se habla en el gif de arriba, pero yo no estoy de acuerdo con las conclusiones de su autor. Si bien es cierto que el científico tiene que olvidar ciertos detalles para comunicar mejor con el público, eso no significa que lo que se diga en la divulgación tenga que ser incorrecto. No hay ninguna necesidad de decir las cosas mal (denominar al bosón de Higgs como «la partícula de Dios» es muy incorrecto).  La divulgación tiene que ser muy precisa en el lenguaje y en el contenido porque al dar poca información y ser muy general se puede estar diciendo (o dando a entender) lo que no es. No hay ninguna partícula de Dios. Dios nada tiene que ver con las partículas elementales, que sepamos. El sensacionalismo acecha escondido en una esquina.

Los que hacemos ciencia tenemos muchos dolores de cabeza intentando hacerlo todo bien y sin errores. Lo pasamos mal intentando explicar nuestro trabajo de la forma más adecuada y precisa posible. Esto puede ser un inconveniente a la hora de contar la investigación, pero para eso deberían estar los profesionales de la comunicación. Es de suponer que un «periodista científico» debería tener la formación y la capacidad suficiente para entender, más o menos, lo que se dice en un artículo científico y ser capaz de expresarlo de la manera que considere adecuada, pero siempre siendo correcto en todos los aspectos. Y si no sabe, que pregunte. El buen divulgador debería ser capaz de compaginar entretenimiento e interés con rigurosidad. Ser riguroso no significa dar detalles innumerables o poner fórmulas kilométricas, significa no decir nada que pueda considerarse falso para alguien que sepa mínimamente del tema.

Esto enlaza con lo que comenté en su día acerca del triunfo de las pseudociencias (repasen el penúltimo párrafo). En mi opinión, es más importante (en la mayoría de los casos) saber cómo se desarrolla el método científico que la propia conclusión del trabajo científico («la ciencia no busca la verdad», como dicen aquí). La metodología es lo que marca la diferencia fundamental con respecto a creencias, dogmas y homeopatías en general. Mal negocio estamos haciendo si la noticia científica se dedica a vender la moto sin tener en cuenta cómo se llega a los resultados que se pretenden divulgar (y mucho peor si además lo que se está escribiendo es incorrecto en algún aspecto). Esta es una forma de desprestigiar la actividad científica. Si una persona que lee un texto de divulgación acaba descubriendo que lo que ha leído es incorrecto: ¿qué diferencia entenderá que hay entre la ciencia y cualquier otra memez que pueda leer en otra parte?