Pestañas

miércoles, julio 01, 2015

Una crítica a los sexenios de investigación

Uno puede perder la cabeza con estas cosas.

Es de suponer que la mayor parte de la gente que lea esto sabrá de lo que estoy hablando cuando me refiero a los «sexenios de investigación», pero es cierto que el mundillo científico es extenso y diverso y no todos viven la misma situación ni de lejos. Tal vez aquellos que investiguen en el extranjero o lo que no sean profesores universitarios no sabrán de lo que estoy hablando. 

Una pequeña explicación podría ser la siguiente: Los llamados sexenios de investigación son una evaluación externa que se hace a la investigación que han hecho los profesores universitarios (no todos) en un periodo de seis años. Esta evaluación, realizada por la CNAI (Comisión Nacional de Actividad Investigadora) se convoca cada año (durante 15 días de diciembre, ejem) y permite a los profesores funcionarios y a los indefinidos laborales (contratados doctores, si el convenio lo permite; no todos, como decía) obtener una remuneración extra cada mes (poco más de 100€). 

La evaluación positiva de la actividad durante esos seis años depende de la rama de conocimiento de cada cual. En Física se suele pedir al menos 5 artículos, donde 3 de ellos tienen que estar en primer cuartil (Q1) y dos en el segundo (Q2). Los cuartiles se calculan ordenando las revistas de un determinado tema por factor de impacto. El primer cuarto es el primer cuartil, el segundo cuarto el segundo cuartil, etc. Suele considerarse que es importante publicar siempre en el primer cuartil. Esto es más o menos fácil o difícil dependiendo de la rama en cuestión.

La importancia de tener estos sexenios no es tanto por el dinero como por el prestigio que suponen. Muchas de las evaluaciones de departamentos o universidades en cuanto a actividad investigadora se hacen contando los sexenios del personal. A la hora de promocionar a plazas superiores se suele mirar cuántos sexenios se tienen, si son consecutivos, etc. Y lo que es más importante, está muy mal visto ser un profesor estabilizado de cierta edad y no tener sexenios. En general, se le da una importancia a los sexenios que roza lo religioso.

Este sistema se introdujo en 1994 después de los cambios realizados en la década de 1980 para fomentar la investigación a nivel internacional. Y se consiguió, ya que España pasó de la nada (la dictadura) a ser la décima potencia mundial (2013) en número de publicaciones. 

Por supuesto, todo esto es dentro de España. Fuera de nuestras fronteras se la pela todas estas chorradas de españoles. Por otro lado, el sistema está tan establecido en España que genera, en la actualidad y en mi opinión, una serie de vicios que no son nada aconsejables.

Tal vez el más importante de esos vicios es que la evaluación por actividad investigadora tiende a condicionar la investigación. Es decir, uno no hace su investigación y al cabo de seis años pide el sexenio, sino que uno piensa en cómo debe hacer su investigación para obtener el sexenio al cabo de seis años. Esto es algo parecido a lo que pasa con los artículos científicos. Uno no hace su investigación y entonces la publica en un paper, lo que muchas veces se hace es pensar en qué paper quiere publicar y entonces planifica una investigación. 

El condicionamiento es tal que a veces resulta conveniente retrasar artículos para que entren en el siguiente sexenio.  O adelantarlos por la misma razón, con el perjuicio que eso pueda suponer para terceros. Es decir, si, querido doctorando, no acabas de entender por qué tu director de tesis se empeña en retrasar una y otra vez esa publicación que has escrito, tal vez deberías enterarte de si por alguna casualidad le toca pedir sexenio.

Pero es más, no está claro si es rentable, en términos de esta evaluación, molestarse en intentar publicar en revistas de muy alto factor de impacto (léase Nature, Science, etc). Estas revistas publican a muy poca gente y el esfuerzo necesario para intentar pasar incluso el primer filtro hace que no esté claro si merece la pena en términos de sexenios, ya que basta con publicar en una revista en Q1 (que ya es suficientemente buena). Por supuesto, cualquier científico siempre quiere publicar en la revistas buenísimas, pero no parece que el sistema de sexenios premie precisamente eso.

Hace divulgación en Naukas y en los ratos libres publica en Nature.

Esto lleva a un par de reflexiones. La primera: ¿por qué las universidades españolas no están en los puestos superiores de rankings como el de Shanghai? En parte es  porque no se generan suficientes publicaciones (o investigaciones, ya me entendéis) de muy alto nivel. Tampoco patentes. ¿Y por qué? No voy a echar la culpa a los sexenios, que sería algo muy simplista; pero lo que parece claro es que este sistema no fomenta una investigación de alto nivel. Lo que fomenta es un nivel medio-alto. Esta era una iniciativa muy adecuada para un momento determinado, hace veinte o treinta años, pero posiblemente ya haya quedado desfasada. Tal vez sería necesaria una segunda convocatoria de sexenios donde se premiara a aquellos con contribuciones realmente de muy alto factor de impacto (una reflexión similar pero aplicada a la transferencia puede leerse aquí). 

Cuando se critica a la universidad española por cosas como los rankings, tal vez sería más útil detectar una deficiencia e intentar mejorarla que dedicarse a atacar porque sí, sin tener en cuenta de donde venimos, cuales son nuestros recursos y cual es la situación actual. Aunque, por supuesto, sin apoyo institucional, sin acabar con los recortes (de todo tipo) y sin recuperar a los científicos exiliados, va a ser complicado mejorar por muchas medidas originales que se adopten (que tampoco es el caso).

La segunda reflexión es marca de la casa y supongo que ya se intuye a partir de los dicho en el anterior párrafo: ¿por qué nos cuesta tanto entender que lo que se hizo en un determinado momento, hace unas décadas, estuvo bien y funcionó pero que ya no sirve o incluso puede resultar estar viciado (o corrupto)? Ahí lo dejo.