Pestañas

lunes, julio 27, 2015

Noveno aniversario

Pues es 27 de julio otra vez. En tal día como hoy se se celebra el aniversario de este egoblog de mierda (anteriores: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete y ocho). Esta entrada es más o menos obligada, y hasta me he puesto una alerta en el correo para recordarme que tengo que hacerla. Digo esto porque el egoblog continua con el declive ya iniciado hace unos años en cuanto a número de entradas, véase esta gráfica:

Ya lo dijo el filósofo: 'Twitter killed the blog star', pero también acabó con el egoblogomierdero que lo único que hace es contar sus chorradas. Las chorradas se comparten mucho mejor en el momento, pones un tuit y listo, no tienes que pasar un par de horas montando una entrada que ya habrá sido escrita, muy seguramente, por otra persona. En la sociedad de lo instantáneo en la que vivimos, hasta las entradas de un blog se quedan antiguas, porque lo que se busca es lo que sucede ahora, lo que ocurrió durante las dos horas que has empleado en terminar esa entrada que tanto te has currado.

También es cierto que la aparición de Tuiter hace que lo que se escribe en el egoblog requiera un poco de más elaboración. Ya no se ponen vídeos, enlaces o chorradas en el egoblog. Si te molestas en abrir esto es para leer o escribir algo con una pizca de desarrollo. O que, al menos, sea una recopilación de tuits que se han quedado desperdigados por aquí y por allá.

Tampoco tengo tiempo para contar cosas que tal vez me gustaría escribir. Cuando tengo tiempo libre para mí (muy preciado por escaso) y fuerzas suficientes (seguimos sin dormir) no lo quiero dedicar a esto. Prefiero hacer cualquier otra cosa, desde trabajar (investigar, mejor dicho) a jugar a videojuegos. Si me da por escribir algo en el egoblog siempre es porque creo que hay algo que me gustaría recordar y que si no lo escribo, se pierde. Por ejemplo, este curso pasado estuve en una decepcionante manifestación por la ciencia, comenté el último disco de Pink Floyd, conté alguna cosilla personal, me alegré de la victoria electoral de Syriza y de la goleada del Atleti al Real Madrid, me quejé de la situación social de la paternidad/maternidad, vi de forma positiva el resultado electoral de las muncipales y finalmente critiqué un poco la política de investigación científica. Y ya está, eso es todo lo que ha dado de sí esto.

Volviendo a la gráfica de arriba, parece claro que el egoblog no tiene repunte posible y que el año que viene estaré cerca del número de entradas igual a cero. Es decir, salvo que algo cambie, que no creo, puedo anunciar que después de 2015 este egoblog cerrará. El culpable no es solamente Tuiter, es que no tengo nada más que decir. Me parece más interesante ahora mismo "Alquilo Piso de Abuela Muerta" o el Catedrático Bellotas que esto. Creo que todo lo que podría contar desde un punto de vista más o menos anónimo, como es el que siempre me he planteado desde el perfil de eulez, ya está dicho. Además, hay cosas que tal vez me gustaría escribir y que una cuenta anónima no me permite. Me hago viejo para la revolución egoblogomierdera.

Por supuesto, y al igual que todos los años anteriores, el Manifiesto Egoblogofecal está atascado. Supongo que el año que viene, cuando despida este sitio (tal vez en el décimo aniversario), publicaré lo que tenga escrito. Al fin y al cabo, encaja perfectamente en la filosofía general del egoblogomierdismo que el Manifiesto quede sin finalizar ¡que lo continúen las nuevas generaciones de egoblogomierderos!

miércoles, julio 01, 2015

Una crítica a los sexenios de investigación

Uno puede perder la cabeza con estas cosas.

Es de suponer que la mayor parte de la gente que lea esto sabrá de lo que estoy hablando cuando me refiero a los «sexenios de investigación», pero es cierto que el mundillo científico es extenso y diverso y no todos viven la misma situación ni de lejos. Tal vez aquellos que investiguen en el extranjero o lo que no sean profesores universitarios no sabrán de lo que estoy hablando. 

Una pequeña explicación podría ser la siguiente: Los llamados sexenios de investigación son una evaluación externa que se hace a la investigación que han hecho los profesores universitarios (no todos) en un periodo de seis años. Esta evaluación, realizada por la CNAI (Comisión Nacional de Actividad Investigadora) se convoca cada año (durante 15 días de diciembre, ejem) y permite a los profesores funcionarios y a los indefinidos laborales (contratados doctores, si el convenio lo permite; no todos, como decía) obtener una remuneración extra cada mes (poco más de 100€). 

La evaluación positiva de la actividad durante esos seis años depende de la rama de conocimiento de cada cual. En Física se suele pedir al menos 5 artículos, donde 3 de ellos tienen que estar en primer cuartil (Q1) y dos en el segundo (Q2). Los cuartiles se calculan ordenando las revistas de un determinado tema por factor de impacto. El primer cuarto es el primer cuartil, el segundo cuarto el segundo cuartil, etc. Suele considerarse que es importante publicar siempre en el primer cuartil. Esto es más o menos fácil o difícil dependiendo de la rama en cuestión.

La importancia de tener estos sexenios no es tanto por el dinero como por el prestigio que suponen. Muchas de las evaluaciones de departamentos o universidades en cuanto a actividad investigadora se hacen contando los sexenios del personal. A la hora de promocionar a plazas superiores se suele mirar cuántos sexenios se tienen, si son consecutivos, etc. Y lo que es más importante, está muy mal visto ser un profesor estabilizado de cierta edad y no tener sexenios. En general, se le da una importancia a los sexenios que roza lo religioso.

Este sistema se introdujo en 1994 después de los cambios realizados en la década de 1980 para fomentar la investigación a nivel internacional. Y se consiguió, ya que España pasó de la nada (la dictadura) a ser la décima potencia mundial (2013) en número de publicaciones. 

Por supuesto, todo esto es dentro de España. Fuera de nuestras fronteras se la pela todas estas chorradas de españoles. Por otro lado, el sistema está tan establecido en España que genera, en la actualidad y en mi opinión, una serie de vicios que no son nada aconsejables.

Tal vez el más importante de esos vicios es que la evaluación por actividad investigadora tiende a condicionar la investigación. Es decir, uno no hace su investigación y al cabo de seis años pide el sexenio, sino que uno piensa en cómo debe hacer su investigación para obtener el sexenio al cabo de seis años. Esto es algo parecido a lo que pasa con los artículos científicos. Uno no hace su investigación y entonces la publica en un paper, lo que muchas veces se hace es pensar en qué paper quiere publicar y entonces planifica una investigación. 

El condicionamiento es tal que a veces resulta conveniente retrasar artículos para que entren en el siguiente sexenio.  O adelantarlos por la misma razón, con el perjuicio que eso pueda suponer para terceros. Es decir, si, querido doctorando, no acabas de entender por qué tu director de tesis se empeña en retrasar una y otra vez esa publicación que has escrito, tal vez deberías enterarte de si por alguna casualidad le toca pedir sexenio.

Pero es más, no está claro si es rentable, en términos de esta evaluación, molestarse en intentar publicar en revistas de muy alto factor de impacto (léase Nature, Science, etc). Estas revistas publican a muy poca gente y el esfuerzo necesario para intentar pasar incluso el primer filtro hace que no esté claro si merece la pena en términos de sexenios, ya que basta con publicar en una revista en Q1 (que ya es suficientemente buena). Por supuesto, cualquier científico siempre quiere publicar en la revistas buenísimas, pero no parece que el sistema de sexenios premie precisamente eso.

Hace divulgación en Naukas y en los ratos libres publica en Nature.

Esto lleva a un par de reflexiones. La primera: ¿por qué las universidades españolas no están en los puestos superiores de rankings como el de Shanghai? En parte es  porque no se generan suficientes publicaciones (o investigaciones, ya me entendéis) de muy alto nivel. Tampoco patentes. ¿Y por qué? No voy a echar la culpa a los sexenios, que sería algo muy simplista; pero lo que parece claro es que este sistema no fomenta una investigación de alto nivel. Lo que fomenta es un nivel medio-alto. Esta era una iniciativa muy adecuada para un momento determinado, hace veinte o treinta años, pero posiblemente ya haya quedado desfasada. Tal vez sería necesaria una segunda convocatoria de sexenios donde se premiara a aquellos con contribuciones realmente de muy alto factor de impacto (una reflexión similar pero aplicada a la transferencia puede leerse aquí). 

Cuando se critica a la universidad española por cosas como los rankings, tal vez sería más útil detectar una deficiencia e intentar mejorarla que dedicarse a atacar porque sí, sin tener en cuenta de donde venimos, cuales son nuestros recursos y cual es la situación actual. Aunque, por supuesto, sin apoyo institucional, sin acabar con los recortes (de todo tipo) y sin recuperar a los científicos exiliados, va a ser complicado mejorar por muchas medidas originales que se adopten (que tampoco es el caso).

La segunda reflexión es marca de la casa y supongo que ya se intuye a partir de los dicho en el anterior párrafo: ¿por qué nos cuesta tanto entender que lo que se hizo en un determinado momento, hace unas décadas, estuvo bien y funcionó pero que ya no sirve o incluso puede resultar estar viciado (o corrupto)? Ahí lo dejo.