Pestañas

lunes, mayo 30, 2016

La tercera

Me he pensado bastante si escribir esta entrada. No sabía si este egoblog, a punto de celebrar su punto y final, debería tener una penúltima entrada dedicada a un partido de fútbol. A ese partido de fútbol. Desde luego, si el Atlético hubiese celebrado su primera y deseada Copa de Europa, eso habría sido un excelente cierre para una de las etiquetas recurrentes a los largo de los diez años que ha durado este egoblog de mierda. Pero no ha podido ser. Tal vez porque no debería ser. Al final, después de pensarlo un poco, he decido escribir esto, más que nada por cerrar este capítulo.



En orden cronológico: el Atleti consiguió llegar a una final Champions de tal forma que parecía que ahora tocaba ganarla. Eliminó, aunque no sin grandes esfuerzos, a los campeones de las ligas de Holanda, de España y de Alemania (nada que ver con los casi sospechosos emparejamientos de su rival en la final). Después de eliminar al Bayern, se saldó la cuenta de la primera final, la del 74. La final contra el Real Madrid era el momento de cerrar el trauma de Lisboa, el de "la segunda". 

Forges dando en el clavo, visto aquí.

Como llegar a la final, e incluso ganarla, parecía factible, reservé hace unos meses alojamiento en Milán. La intención era ir con mi padre, para que viésemos juntos a nuestro Atleti campeón de Europa. Sin embargo, a última hora este decidió que no podía ir por motivos de salud, así que se vino @juliverX, que se apunta a un bombardeo con tal de salir de la rutina familiar (y poder dormir por las noches sin AK irredento). Las entradas no fueron difíciles de conseguir por la antigüedad siendo socio del Atlético. No entraré en lo que ha costado el viaje a Milán porque ha sido una pasta, nunca mejor dicho.

El viaje hacia Milán fue bastante cansado. La ciudad es enorme y el calor era bochornoso y húmedo, algo a lo que no estamos acostumbrados los madrileños. Llegamos el viernes por la tarde, pudimos descansar algo y cenar bien cerca del hotel. Cayó la prometida "cotoletta alla milanese", que Julia bautizó como un "fernandotorres", con la esperanza de que nuestro Niño Torres hiciese un buen partido y marcase un gol (nada más lejos de la realidad, por cierto).  

El día siguiente era el día del partido. Todo el centro de Milán estaba plagado de referencias a la final. La Catedral fue imposible de visitar por dentro con tanta gente. 


Dimos una vuelta por lo que había montado por allí, con muy buen ambiente entre todos  los asistentes (claramente más gente del Real Madrid que del Atleti, recuérdese lo que he dicho antes del esfuerzo económico). En un stand de productos madrileños nos invitaron a un vino y a queso. Intentamos comer en un par de restaurantes que tenía apuntados pero, supongo que con buen criterio, estos cerraron el día del partido. Al final entramos en una pizzería de esas rápidas que había cerca del hotel, donde el camarero nos dio su apoyo para la final. Este es un tema curioso, porque parece que los milaneses iban con el Atleti. Simeone jugó en el Inter de Milán un par de temporadas y dejó huella en el club. Es decir, los del Inter iban con el Atleti porque iban con Simeone. Los del Milan no querían ir con el equipo al que apoyaba el Inter, pero tampoco querían que el Real Madrid ganase otra Copa de Europa. El resultado es que la gente del lugar era favorable al Atlético.

Fuimos al hotel a descansar otro rato (qué calor) y luego al partido. Hay que hacer mención a las cutres medidas de seguridad en Italia. Esto ya lo comenté cuando estuvimos en un partido en Roma. La experiencia fue similar: mucha policía que no hacía gran cosa. Hay que añadir que el estadio de San Siro, uno de los más afamados del mundo, es una ratonera. No hay salidas suficientemente anchas, los pasillos son muy estrechos y no hay apenas espacio entre asientos. Y el calor ya era poco menos que insoportable. Un vaso medio grande de cerveza aguada costaba la friolera de 6 euros, si es que lo conseguías. Eso sí, las vistas desde la grada no estaban nada mal:


Vamos con el partido en sí. Por resumirlo rápidamente y con algo de sentido del humor (que nunca falte):
Visto aquí
El gol de Sergio Ramos (otra vez) fue fuera de juego. Griezmann falló un penalti. Pepe hizo el ridículo. El Real Madrid, haciendo muy poco, ganó la final en la tanda de penaltis. Mi cabreo al principio fue con el Atlético, porque su inicio de encuentro fue muy malo, muy fuera del partido, sin intensidad, cometiendo fallos impropios de este equipo (como la falta que llevó al primer gol del Madrid). Luego el equipo mejoró poco a poco, aunque el partido no era el que le gusta al Atleti. Debería haber presionado con muchas ganas al principio para marcar un gol rápido y luego jugar al contragolpe, como le hizo al Barça o al Bayern. Pero no. Aun así, su partido fue más digno que el de Lisboa y mereció más. Pero no. No podía ser.

Las consecuencias de la derrota todavía están por ver. El choque emocional del aficionado ha sido tremendo. San Siro en la parte rojiblanca era una tragedia. Los niños llorando abrazados a sus padres. Un señor sin camiseta, de unos 60 años, de ojos enormes, muy parecido a mi padre, llorando desconsolado en una esquina. Todos lloramos, la gente se abrazaba sin conocerse. En mi caso, estoy bastante tocado y he tenido una crisis de identidad considerable. Me planteo sinceramente si esto merece la pena, y lo que es más, si quiero que mi propio hijo tenga que pasar por algo así.  Tal es el golpe que hasta el propio Simeone, el de creer y luchar, ha expresado dudas sobre su continuidad en el equipo.

La historia es que no hay medias tintas en el Atlético: solo es posible la gloria o la tragedia. Y la mayor parte de las veces es lo segundo, porque la gloria, salvo en estos últimos años, va con cuentagotas y muy espaciada en el tiempo. Lo de las finales de la Copa de Europa del Atlético reafirma la leyenda del pupas, que últimamente andaba descarriada: ninguna de las tres finales se perdieron en los 90 minutos que dura un partido.

Hay una reflexión importante aquí, porque necesariamente (al menos en mi caso) tienes que pensar cómo algo así te puede afectar tanto. Al fin y al cabo, solo es fútbol. Solo es un equipo y una afición. Llevo unos días en plan autoanálisis intentando entender por qué me siento tan mal. No es un sentimiento como el de la enfermedad o muerte de un ser querido, no es esa desesperación. Está, por supuesto, a otro nivel, pero sí hay un sentimiento de pérdida. De alguna forma sientes que te han quitado algo que te pertenecía. Algo que querías y que no estás seguro que vayas a tener en toda tu vida. Y es ahí, justo ahí, donde está el dolor punzante, el que te hace llorar. El dolor existencial de saber que tu vida a lo mejor no dura lo suficiente como para poder disfrutar de esa alegría deseada, de algo que quieres que pase antes de morirte. Y es eso lo que duele de verdad, sentir la realidad de que el tiempo pasa. De que mi padre, o yo mismo, nos vamos a morir sin ver algo así. 

Si alguien está interesado en profundizar en la idea, no soy el único que le ha dado vueltas a estos sentimientos. Otros lo han descrito y explicado mucho mejor. Creo que esos enlaces son lecturas que merecen la pena, también para los que no les guste el fútbol, a lo mejor les sirve para entender mejor algunas cosas.

La buena noticia es que Julia ha vivido la tragedia, y ha entendido perfectamente de qué va esto. De qué va que quieras algo y no lo consigas, porque eso no es para ti. Porque las grandes cosas son para los privilegiados, los bien posicionados, los de la actitud adecuada. Hemos perdido la final, pero ya hay una persona más que no volverá a hablar de los atléticos en tercera persona (no es la única).  

Y este egoblog ha cumplido aquí su última función: la de servir para entender lo propio y lo ajeno al describirlo.