Pestañas

martes, mayo 03, 2016

Manifiesto Egoblogofecal


Esto lo dibujé hace mucho tiempo.

Un espectro se cierne sobre las señales eléctricas del mundo: el espectro de la egoblogoirrelevancia. Contra este espectro se han conjurado las diferentes fuentes de poder presentes en Internet: los gurús, los creadores de opinión, los pseudoprofesionales, los vendedores de humo, la cancamusa, los mal llamados Bloggers. No hay ni un solo autor de egoblog al que los guruses no tachen de irrelevante, ni un solo cancamusero que no lance sobre los parias de la red la estigmatizante acusación de ser egoblogomierda. De este hecho se desprenden dos consecuencias:

La primera es que el egoblogomierdismo se halla reconocido por los principales guruses de Internet.

La segunda, que es ya hora de que los egoblogomierdas expresen a la luz del día y ante el mundo entero sus ideas, sus tendencias, sus aspiraciones, saliendo así al paso de esa leyenda del espectro egoblogoirrelevante con un manifiesto.

Con este fin se han congregado en Google Drive a K. Eulez y, a ratos, a F. Copépodo, egoblogomierderos en absoluto relevantes (al menos el primero, el segundo está en duda, que da conferencias en Harvard), para redactar el siguiente Manifiesto, que aparecerá muy mal traducido en diferentes lenguas usando Google Translate (si quieren traducciones decentes, se contratan ustedes a juliacgs).

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Toda la historia de Internet, hasta la actualidad, está cimentada en la lucha de egoblogoclases.

Tuiteros y seguidores, egoblogueros y comentaristas, fanboys y trolls, meneados e ignorados por la fuerza del karma; empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otras franca y abierta, que sólo puede conducir a procesos egorevolucionarios o al exterminio de las egoblogoclases beligerantes.  

Esa dualidad no hace sino demostrar que no existe otra razón de ser en Internet que superar egos, atacar al contrario, imponer las ideas y pugnar continuamente por promover el ego propio por encima del contrario.

Visto aquí
En nuestra época, en la época del Internet 2.0, de la comunicación instantánea de las masas a través de las denominadas redes sociales, se caracteriza por haber simplificado los antagonismos de egoblogoclase.  Hoy, toda la sociedad tiende a separarse, cada vez más abiertamente, en dos grandes tipos de egos antagónicos: el gurusismo y el egoblogomierdismo.

Desde el principio de los tiempos, incluso en la llamada “web 1.0” sobre cuyas cenizas se levantó la red en su configuración actual, el ego ya jugaba un papel vital en el desarrollo del Internet embrionario. Este fenómeno global, ya nació desde el inicio rodeado de un halo de expectación frustrada. Muchos empleaban los minutos (a precios astronómicos) robados en los escasos momentos en los que su hermana no usaba el teléfono en mirar la predicción del tiempo en Terra y descargar treinta y cuatro píxeles de un jpg pornográfico. Pero ya en aquella época el típico espabilado que había aprendido html en dos tardes te mandaba un emilio con un enlace a su página web en la que había colgado siete fotos de cuando hizo el Camino de Santiago en 1997. Con una animación gif de un bebé bailando. La carrera de los egos había empezado.

En el ansia por la satisfacción del ego, el tomar una buena posición de partida hizo que del supuesto sustrato homogéneo y democratizante, algunas anormalidades de relevancia despuntaron en los albores de los tiempos. Gente que creía conocer la fecha exacta y los motivos por los que cerraría el mésenyer, gente que se hacía imprescindible en el P2P por tener las cosas más rarunas. Gente que se enzarzaba en conversaciones interminables en los foros y los canales de IRC. Gente capaz de perder el sueño porque “alguien estaba equivocado en Internet”. Se cree que los ppts primigenios de gatitos fueron generados en esta misma fase.

La opinión se convirtió en el eje central sobre el que se vertebró el gradiente de relevancia en la red. Los usuarios más veteranos de los foros, los que siempre regañaban a los novatos, los que siempre tenían algo que decir, los que de todo sabían, vieron imposible contener sus egos en proyectos colectivos y decidieron dar el siguiente paso: iniciar un blog propio. Un entorno controlado y controlable desde el que alimentar el ego. Los irrelevantes, inconscientes o no de la clase a la que pertenecían, rodearon a los guruses con comentarios zalameros y buenrrollistas (o bien un simple “¡prime!” si se era suficientemente rápido) aspirando a caer en gracia y recibir algún comentario o, incluso, la mayor de las glorias: aparecer en el blogroll.

En un proceso interminable de la consecución de la autocomplacencia, las ostentación de la opinión y el aposematismo del ego, nuevas formas de buscar la relevancia surgieron en sus formas más oscuras y parasíticas: supuestos agregadores de noticias basados en el karma, que permitían un submundo de relevancia incluso sin ser capaces de generar contenidos originales; redes sociales diversas, donde ser uno mismo se convirtió en el arte de hacerse retratos en el espejo del baño; microblogging donde buscar los 140 caracteres más ingeniosos del momento... todo ello no son más que variaciones sobre el mismo tema: la inflación de la búsqueda de la relevancia en una clase que rechaza su propia egoblogofecalidad.

Una gurú diciéndote en Tuiter que compres su libro.
Vemos, pues, que los modernos guruses, en su rechazo de la egoblogofecalidad, son, como lo fueron en su tiempo las anteriores clases sociales, el producto de un largo proceso histórico.

A cada etapa de avance del gurusismo corresponde una nueva etapa del progreso de la comunicación en Internet. El gurú, perteneciente a una clase oprimida bajo el dominio de los tradicionales medios de comunicación de masas, forma un tipo de comunicación en Internet diseñado para la defensa de sus intereses; el moderno dospuntocerismo no es más que una plataforma de lanzamiento para personas con claros objetivos profesionales y de autobombo, que no tienen nada que los recomiende, donde solamente se escuchan sus voces, condenando a todas aquellas personas anónimas que tienen algo que decir, pero que no están dispuestos a participar en la cancamusa reinante, a la más pura irrelevancia.

El gurusismo ha desempeñado, en el transcurso de la historia de Internet, un papel verdaderamente revolucionario.

El gurusismo enterró la dignidad personal bajo el afán profesional, el de ganar dinero usando publicidad en los sitios web. Redujo todas aquellas innumerables libertades del egobloguero, las de decir cualquier cosa, las de contar lo que sea, las de follarse su puto egoblog como le parezca, a una única libertad: mantener su influencia y ganar dinero. Sustituyó, para decirlo de una vez, un régimen de explotación de las ideas y vivencias personales, por un régimen escueto y de explotación económica.

El gurusismo despojó de su halo de frescura a todo lo que antes se tenía por valioso, entretenido y sin pretensiones. El gurú transformo una actividad lúdica, personal y valiosa en un mero objetivo comercial: autobombo disfrazado de divulgación profesional, egoblogs transformados en puras revistas online, venta de mi-libros de supuesto gran interés social, o cualquier actividad que repercuta en presente o futuro beneficio económico directo o indirecto a través de la denominada visibilidad en las redes sociales. Como consecuencia, convirtió en meros comentaristas y observadores a aquellos eboblogomierderos que antes simplemente contaban sus cosas.

La necesidad de encontrar influencia espolea al gurisismo de una punta o otra del planeta. Por todas partes anida, en todas partes construye, por doquier establece relaciones.

El gurusismo destruye los cimientos personales de la egoblogoirrelevancia. Los viejos eboblogs personales se vienen a tierra, arrollados por las páginas web profesionales, cuya instauración es vital para todos los internautas; por lectores que ya no pretenden compartir y comentar las experiencias de sus pares egoblogueros como antes se hacía, sino que pretenden ser meros observadores pasivos de lo que dicen los nuevos supuestos expertos de la red, los creadores de opinión política, los escritores de mi-libros, los divulgadores de conocimientos imprescindibles, los muy visibles. Ya no reina aquel Internet local donde las experiencias personales se compartían y se comentaban con libertad. Ahora, la red de los Blogs y los Bloggers es universal, y en ella entran, unidos por vínculos de interdependencia, todos los guruses.

El gurusismo, con el rápido perfeccionamiento de todos los medios de comunicación dospuntoceristas, con las facilidades increíbles que proporcionan los móviles, las tabletas y demás inventos de comunicación, lleva su mensaje hasta al egobloguero más irrelevante. La rapidez de su mensaje, lleva al egoblogomierdismo a capitular. Obliga a todos los egoblogueros a abrazar la intención de convertirse en gurús o a capitular; obliga a implantar en su propio seno el gurusismo. Crea un Internet hecho a su imagen y semejanza.

Visto aquí.
En los pocos años en que el gurusismo lleva de existencia como egoclase soberana en Internet, ha creado estructuras de influencia más grandiosas y colosales que todo aquello que los periódicos y los medios tradicionales pudieron imaginar. Basta pensar en los millones de seguidores en Twitter, Instagram, Facebook o en Linkedit. ¿Quién, en los pasados años, pudo sospechar que alguien que no saliese en un programa basura de Telecinco podría tener millones de seguidores en algún tipo de canal de comunicación?

Hemos visto que los medios sobre los cuales se desarrolló el gurusismo de Internet brotaron en el seno de los medios analógicos del periodismo tradicional. Cuando estos medios alcanzaron una determinada fase en su desarrollo, resultó que la organización tradicional de ciertas personas influyentes, cuya opinión tenía que ser obligatoriamente escuchada, no correspondía ya al estado progresivo de la influencia gurusística. Obstruían la influencia en lugar de fomentarla. Se habían convertido en otras tantas trabas para su desenvolvimiento. Era menester hacerlas saltar, y saltaron.

Pues bien: ante nuestros ojos se desarrolla hoy un espectáculo semejante. El moderno gurusismo, que ha sabido aprovechar tan fabulosos medios de comunicación, recuerda al brujo impotente para dominar los espíritus subterráneos que conjuró. Desde hace algunos años, la historia del gurusismo no más que la historia de los egoblogoirrelevantes que se rebelan contra el régimen vigente de comunicación, contra el régimen del karma meneante, donde residen las condiciones de vida y de predominio internetil del gurisismo. Pero los guruses no sólo forjan las armas que han de darle la muerte, sino que, además, pone en pie a los llamados a manejarlas: los egoblogoirrelevantes.

En la misma proporción en que se desarrolló el gurusismo, es decir, la relevancia, desarrollase también la egoblogoirrelevancia, esa clase bloguera que sólo se dedica a contar (sus) chorradas y que solo vive Internet en la medida que alimenta el gurusismo. El egoblogoirrelevante, obligado a hacer RT, menear y referenciar, es una mercancia como otra cualquiera sujeta, por tanto, a todos los cambios y modalidades de la concurrencia, a todas las fluctuaciones de los egos.

El egoblogomierdero recorre diversas etapas antes de fortificarse y consolidarse. Pero su lucha contra el gurusismo data del instante mismo de su existencia.

Las colisiones producidas entre las fuerzas del Internet 1.0 imprimen nuevos impulsos al egoblogomierdero. El gurusismo lucha incesantemente: primero, contra los medios de comunicacion de masas; luego, contra aquellos guruses que se les opongan. Para librar estos combates no tiene más remedio que apelar a los irrelevantes, reclamar su auxilio, que les voten en Menéame y en los Premios Bitácoras. Y de este modo, le suministra elementos de fuerza, es decir, armas contra sí misma.

De todas las clases que hoy se enfrentan con el gurusismo no hay más que una verdaderamente revolucionaria: el egoblogoirrelevante.  Las demás perecen y desaparecen con los medios de comunicación y con el moderno Internet; el egobloguero común, en cambio, es su producto genuino y peculiar.

¡Viva!
El movimiento egoblogoirrelevante es el movimiento autónomo de una inmensa mayoría en interés de una mayoría inmensa.  El egoblogoirrelevante, la capa más baja y oprimida del Internet actual, no puede levantarse, incorporarse, sin hacer saltar, hecho añicos desde los cimientos hasta el remate, todo ese edificio que forma el Internet oficial.

La existencia y el predominio de la clase gurusística tienen por condición esencial la concentración de la relevancia en manos de unos cuantos individuos, la formación e incremento constante del protagonismo; y éste, a su vez, no puede existir sin el trabajo gratuito de las masas irrelevantes. Este trabajo presupone, inevitablemente, la concurrencia de los egoblogomierderos entre sí.  Los progresos de la relevancia, que tienen por cauce automático y espontáneo a los guruses, imponen, en vez del aislamiento de los egoblogueros por la concurrencia, su unión revolucionaria por la organización.  Y así, al desarrollarse el gran gurusismo internetil, la gurusía ve tambalearse bajo sus pies las bases sobre que produce y se apropia lo producido. Y a la par que avanza, se cava su fosa y cría a sus propios enterradores.  

Su muerte y el triunfo de la egoblogoirrelevancia son igualmente inevitables.
 
La clase egoblogomierdera no tiene por qué guardar encubiertas sus ideas e intenciones. Abiertamente declaran que sus objetivos sólo pueden alcanzarse derrocando mediante ataques DDoS todo el orden gurusístico existente. Tiemblen, si quieren, los medios de comunicación oficiales, ante la perspectiva de una revolución egoblogoirrelevante.  Los egoblogueros, con ella, no tienen nada que perder, como no sea sus cadenas.  Tienen, en cambio, un Internet entero que ganar.

¡Egoblogomierderos de todo Internet, uníos!